Opinión

Pedro Sánchez descubierto

TRIBUNA

Gabriel Albendea | Viernes 22 de febrero de 2019
Sánchez y sus secuaces sectarios del PSOE, tras 8 meses sometiendo a los españoles a un estrés permanente, pretenden enorgullecerse ahora de no haber cedido a la demanda de sus socios separatistas de dejarle autodeterminarse por la cara o al menos hacer un referéndum con tal propósito claramente ilegal, como el Constitucional ha repetido hasta la saciedad. Evidentemente, si Sánchez hubiera cometido semejante dislate estaría ante los tribunales de Justicia. Entonces no parece que ahora pueda presumir de nada y envolverse en la bandera española con el lema de la España que quieres, muy de acuerdo a la idiosincrasia voluble de Sánchez, como si hubiera podido hacer otra cosa de la que ha hecho. Pero lo grave es que eso lo sabía desde el principio. Sabía perfectamente que los separatistas no iban a dejarse embaucar por ninguna concesión que no fuese la de su pretensión máxima que les ha llevado al juicio del Procés. Esto quiere decir sencillamente una cosa. Es un razonamiento que puede hacer hasta un párvulo. Si Sánchez sabía del tal diálogo, en el sentido querido por los separatistas, era imposible, el diálogo, lo mismo que la corrupción del PP, esgrimidos para justificar la moción de censura, solo era una excusa, un pretexto, un ardid, una mentira consciente, en suma, para ocupar la Moncloa una temporada y sentir el éxtasis de la Presidencia. Dado el carácter ególatra de Sánchez, es claro que ese era su único propósito. Lo demuestra, además, el hecho de que habiendo prometido la convocatoria inmediata de elecciones no lo hizo.
Nos hallamos ante el Presidente más nefasto en 40 años de democracia española. El primero que se ha atrevido a gobernar con 84 escaños de respaldo, a distancia sideral de la mayoría absoluta y a base de decretos-leyes. Es tal su soberbia fatua que aunque hubiera tenido un solo escaño, el suyo, hubiera sido capaz de proponerse como Presidente. Pero aún no rectifica y afirma que volvería a pactar con los separatistas, pese al fracaso, a quien compara con absoluto descaro con el PP y Cs, partidos constitucionalistas. Es una incógnita cuál es para Sánchez el centro moderado, en el que ahora dice situarse, entre lo legal y lo ilegal.
Lo triste es que, tras sus antecedentes de político trilero y perdedor, el PSOE no lo expulsara de sus filas y le permitiera presentarse a la Secretaría General y a la Presidencia. Por cierto, de acuerdo a su talante soberbio y escurridizo, la moción de censura, al parecer, solo la consultó con su almohada. Ahora le han escrito un libro, Manual de resistencia. Más bien debiera llamarse Manual de cabezonería vacua.
Gabriel Albendea es escritor.
Su última novela El misterio del señor X.