Opinión

Carta a los votantes de Vox

TRIBUNA

Emilio Arnao | Sábado 02 de marzo de 2019

Con todo el respecto, caballeros, señoras, jóvenes, españoles y españolas todos:

Mi dirijo a todos vosotros no como articulista de opinión de este diario que es independiente y liberal y en donde es muy fácil, pues así lo permite la línea de colaboraciones, abrir un debate, un sano análisis o sencillamente una razón histórica sobre los últimos acontecimientos nacionales de este país que anda un tanto alborotado o quejoso como esa agua que cae de los botijos de los pueblos castellanos.

Y lo hago con la certeza de que, si me dirijo a vosotros y a vosotras como posibles votantes de este no tan nuevo partido político que es VOX ante la posibilidad que se abre a lo largo de todas las elecciones que como glaciares van a caer en este largo invierno que será este 2019, no es ni como hombre con una ideología definida, ni siquiera como un constructor del idioma a la hora de forjar una opinión, ni mucho menos con la intención de que me hagáis el más mínimo caso. Sólo os remito esta carta como un ciudadano que vive en una isla de este Mar Mediterráneo por donde tanta mitología sigue recorriendo la esférica conciencia de mi mente y mi sentir. Creo que quedan claras cuáles son mis intenciones. ¿Son aprobadas? ¿Sí o No? Bien, en el silencio escucho la palabra Abstención. Por tanto, prosigo con esta misiva:

En primer lugar, quiero indicaros que esta España nuestra en donde tenemos el gran honor de haber sido la tierra en donde se extinguieron las últimas poblaciones de nuestros predecesores los hombres, mujeres, niños y cuñados con novios de aquella raza que fueron los neardentales, como ciudadano heredero de aquel ADN, os escribo. ¿Acaso estoy equivocado? No lo creo. Cuentan los últimos paleontólogos que las últimas vistas, fuegos, cazas y actos sensuales en aquel salvajismo sexual de los que, como giróscopos de nuestra actual masa cerebral, señalan el rumbo de las cañadas del Sur de la Península Ibérica y más concretamente las de aquellas cuevas frondosas rodeando lo que hoy llamamos Peñón de Gibraltar.

De modo y manera que, como biznieto de aquella raza mucho más sabia y sociable que no la del homo sapiens, os digo que que antes de decidir vuestro voto a esta plataforma u órgano o mesa camilla o lo que sea que es el partido presidido por este caballero con barba y con chaqueta de pana a lo Felipe González del 82 que es el señor Santiago Abascal estudiéis bien el programa -en el caso que lo llevaren-, que analicéis correctamente vuestra toma de contacto con esta tardoideología que nada aporta para la nueva modernidad de este Estado democrático y constitucional que es la nación española. Y concurro en estas mis palabras -lo cierto es que no sé si dotarlos como consejos-, porque intuyo que este señor nacido un 14 de abril como nació tiempo ha la II República que es Santiago Abascal no tiene muchas entendederas a la hora de estructurar, conformar, delinear, galardonar o embrionar desde el más puro y original manantial un modelo institucional y eficazmente político que ocasione un cambio que a todos y a todas nos beneficie. ¿Por qué soy tan asertivo? Lo diré no sé si más complicado o más tribalmente:

Santiago Abascal y toda su mesnada no es persona rica en profundidad ni calidad demócrata, colectiva, cooperativa, bienhechora para las necesidades en su justa repartición de todo lo que en estos momentos tan delicados necesita desde el Sur al Norte del Este al Oeste de esta patria que el poeta Catulo llamó “tierra de conejos”. Es deseo mío que sepáis que las tropas de Santiago Abascal, general de división de dicho ejército, no es una formación que honra a nuestros distintos pueblos y culturas, más bien todo lo contrario, pues mudo es Santiago Abascal -quizá porque su madrasta Esperanza Aguirre así se lo haya indicado-, ya que no habla, ni dice nada que adquiera profundidad y hondonada en su dignidad intelectual y sabedora de la cosa pública. Y es que presumo que su coeficiente mental no es excesivamente elevado como para dirigir o asaltar los cielos de nuestra querida Península Ibérica, tan rica en lobos, en cedros, en magrebíes, en mujeres valientes que ya han declarado ante esta jueza que es la Diosa Venus que no van a dar ni un paso atrás.

Fíjense, entonces, en lo que hace este caballero que nombra Santiago cuando aparece como si llevara una faldriquera con aforro con la cual cubrirse el rostro cada vez que sale por las teles o en esas conferencias que bien pudieran ser en cine mudo cual Harold Lloyd. No es posible que quien quiere presidir el gobierno de esta patria nuestra se esconda tanto o por no esconderse sólo haga que escapar, montar a caballo, bajar del AVE Madrid/Sevilla y, fíjense, siempre acompañado por todo ese vasallaje tras de sí o a su diestra extrema cual aquel varón ilustrísimo, según reza la Historia Roderici, que fue Rodrigo Díaz de Vivar.

Menéndez Pidal llegó a decir que el padre del Cid no fue miembro de la primeriza nobleza de Castilla, sino más bien salió del útero de su madre como un infanzón o capitán de frontera para combatir contra los navarros en Ubierna, en Atapuerca, que es donde hoy quedan enterrados los más antiguos restos prehistóricos peninsulares de nuestras genealogías milenarias. Por tanto, si lo dijo Menéndez Pidal, yo indico de este modo que toda esta mesnada que sigue a los proclamados y bautizados y creadores de viajes políticos con sus quimeras y cantares de gesta apenas tiene nada que aportar para esta tología de cambio hacia Europa y otros continentes amigos y mancomunes que como fuerza y avance y estabilidad cívica y social y convalidada en esta universidad debe continuar siendo la vida hispánica al celtíbero modo. Pues ya escribió Cervantes aquello de “No hay amigo para amigo: / las cañas se vuelven lanzas”. A lo que él mismo se responde: “De amigo a amigo, la chinche, etc.” Versillos estos que le salieron de la mano atrofiada a Saavedra copiándoselos al rey moro Muza.

Por consiguiente, aquí no hay tutelas ni tutores ni tu tía. Únicamente vuestra reflexión, futuros votantes de VOX, vuestra clara luz a la hora de, perdidos en este fango en que se ha convertido la política española, con tal de elegir lo nuevo, no os confundáis de juguete, pues en los escaparates de las grandes tiendas del mundo ya todo es farsa, esperpento y el callejón del Gato. Todo hombre perdido en su conciencia y con ganas de moverse y buscar por buscar algo, alguien, piso, edificio, bandera, raza, estilo, lenguaje, tatuaje, canciones en blanco y negro, acostumbra -lo digo por experiencia- a errar en el hallazgo de su salvación, pues toda profecía es tiniebla, sombra, mentís, misterio y engañosa. Y Santiago Abascal no es Jonás dentro de la ballena, que es el único profeta verdadero al que yo he conocido en aquellos tiempos de lectura de mis libros de viajes ancestrales o mallorquines o cotiledones.

Así pues, y ya para finalizar, os digo, caballeros, señoras, pensionistas, obreros, toreros, cazadores de palomas, hinchas del Real Madrid que os sentáis en el palco del Bernabéu, que cuando depositéis el voto en las urnas hacedlo sin llagas en los pies, habiendo leído la letra pequeña de los artículos de esta antigua plataforma cuneiforme y gibraltareña, levantisca y numantina, pero siempre desde el pensar jamás desde la pasión o la incertidumbre. No es mejor pulsar en el corazón la leve pero grande y memorizada memoria de lo que fue pasado, puesto que nunca podrá ser esta levedad ni presente ni futuro, pues la gente española es a veces tan colérica como honrada y no consiente cosquillas de nadie. ¡Allá darás, rayo¡, que es lo mismo que decir que hay deseo de alejarse de las desgracias.

Pensad, pues, bien vuestro escrutinio de la escritura de este librito de texto de esta vieja Historia de España que nos traen estos nostálgicos de Carlos V de Alemania y I de España, de estos y estas treintañeras o sesentones que fueron a la guerra contra judíos, mozárabes y mal cristianos. Pues ¡Santiago y cierra España¡, sólo es ya estigma de una tradición cultural que dio alerta en el drama en tierras de Navas de Tolosa, siendo el Apóstol Santiago un caballero a los que somos paganos seguimos llamando Santiago Matamoros, pues ansí lo vieron nuestros grandes poetas y hombres de teatro. Y cito: Calderón de la Barca, Antonio Hurtado de Mendoza, Lope de Vega o Pedro Francisco de Lanini. Pero existen otras versiones del apóstol amazonas, como la de Alonso de Ercilla en su La Araucana, quien no vio en Santiago contra los musulmanes una orden militar para cerrar con llave nuestras costas, regiones, bosques, saudades, cuevas de Covadonga, la frontera contra los galos, los buques amarrados en el puerto de Cartagena, el avión Dragon Rapide aterrizando en las Canarias, y, por último, esa bella canción que hoy canta Niña Pastori y que titula “Caí”.

Pensad bien la urna y el papel, pues es mejor retomar las posturas de aquellos que nos trajeron el regeneracionismo frente al verbo “cerrar”, la modernidad frente al aislamiento, pues todos los que en España habitamos sabemos que la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua. Y es que los hispanos nacidos en este imperio que es la lengua castellana hace ya muchos siglos que hemos aprendido la gramática deletreada en nuestras meditaciones del Quijote, cuyas palabras son aquestas: “Sepamos ahora, Sancho hermano, adónde va vuesa merced. ¿Va a buscar algún jumento que se le haya perdido? -No, por cierto. -Pues ¿qué va a buscar? -Voy a buscar, como quien no dice nada, a una princesa, y en ella al sol de la hermosura y a todo el cielo junto. -¿Y adónde pensáis hallar eso que decís, Sancho? -¿Adónde? En la gran ciudad del Toboso. -Y bien, ¿y de parte de quién la vais a buscar? -De parte del famoso caballero don Quijote de la Mancha, que desface los tuertos y da de comer al que ha sed y de beber al que ha hambre”.

Y, ya sí, doy fin a esta petición, con palabras del único dios al que venero, que no es otro que Zoroastro. Hombre de palabra y hecho dotado con la libertad de pensamiento que entregó a la humanidad todo lo que los distintos prometeos del entero mundo tienen de mente brillante por discernir entre qué cosa es la buena y qué cosa es la mala para una sociedad igualitaria. Y leyendo la imaginación de Zaratustra, os aseguro a vosotros y vosotras, indecisos y apaleados, que si una persona no elige correctamente, su mundo continúa siendo caótico, y, por consiguiente, continúa sufriendo las consecuencias hasta que toda raza, todo color, toda nación, lo negro, el sur, el norte, los cánticos de toda naturaleza, se perpetúen en el devenir gracias a ese mensaje universal que conforma el vuelo del albatros cuando las playas en donde los poetas se embriagan de vino y de bellas maricas.

Aquí os dejo estas lecturas mías de Zoroastro como programa político para que las contrastéis con las escrituras sacras y patrias de estos comandantes que habitan en los clubes de los cuarteles generales de VOX: “El mejor y el más grande príncipe es aquel bajo cuyo dominio la tierra es más fértil”. “Sé bueno, sé amable, sé humano y caritativo, ama a tus semejantes, consuela a los afligidos, perdona a los que te han hecho daño”. Y cuando dudéis, absteneos, porque el que se abstiene de comer la carne maltratada de los animales tendrá el espíritu santo y la verdad.

Adiós, amigos y amigas, nos vemos en esta isla desde donde escribo. Aquí tenéis mi casa por si os falta cama, cigarro, un poema de Dionisio Ridruejo o sexo. No os doy mi teléfono, pues sé que os pondréis cansinos y mendigos del amor que os entrego.

NOTA: Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de vuestros escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando y han de caer del todo sin duda alguna. Vale.