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Mohamed VI pide cerrar filas en torno al Sahara y culpa a Argelia del cierre de fronteras

Discurso del 9º aniversario

Jueves 31 de julio de 2008
Se esperaba algo más del discurso del Trono, que cada año Mohamed VI hace al conmemorar su entronización como Rey de Marruecos. Nueve años después de suceder a su padre Hassan II a la cabeza del Estado, el soberano alauita ha comenzado su intervención con un cierto tono pesimista, admitiendo que la crisis que sacude la economía internacional también afecta a Marruecos. “No hay que ceder ante los cantos de sirena nihilistas” dijo. “Es necesario acelerar el ritmo de crecimiento y para ello hay que saber tomar decisiones”. Mohamed VI dejó en suspenso la opción de saber si “¿debemos limitarnos a opciones coyunturales, o apostar por las estratégicas?”

Como remedio a la crisis, el Rey marroquí ha preconizado tres líneas de actuación: en primer lugar, apostar decididamente por las infraestructuras, costosas y con poca creación de puestos de trabajo. Para mitigar sus efectos sociales perversos, ha llamado en segundo lugar a la solidaridad nacional, haciendo jugar a unas “clases medias”, por el momento inexistentes y a las que ha prometido su apoyo caracterizándolas como “la espina dorsal” del país, el papel de ampliar y reforzar el mercado interno y ser promotoras de la creación de empleo. El Estado, por su parte y como tercera decisión, seguirá utilizando los fondos de los presupuestos dedicados a la Iniciativa de Desarrollo Humano, “para ayudar a los pobres y a los desfavorecidos”.

El discurso pragmático y en cierto modo moderado del rey alauita ha contrastado con las declaraciones algo elogiosas y más bien fantasiosas del Director General del Fondo Monetario Internacional, el francés Dominique Strauss-Kahn, quien el día antes en Rabat saludaba a Marruecos poniéndole de “ejemplo a seguir por los otros países” sobre cómo conducir su economía, ignorando de este modo la actitud crítica del Banco Mundial y de los organismos especializados de Naciones Unidas que colocan al Reino de Mohamed VI en el lugar 126 en cuanto a “índice de desarrollo humano” se refiere.

En contra de la costumbre seguida durante la Fiesta del Trono en la que se omite hablar de jefes de Estado extranjeros, esta vez el soberano marroquí tuvo que mencionar al rey Abdalá de Arabia Saudita y al jeque Jalifa de los Emiratos Árabes Unidos, porque “gracias a sus generosos donativos”, Marruecos puede hacer frente a sus necesidades energéticas.

Las garantías de Marruecos
El conflicto del Sahara Occidental, tema recurrente en todos los discursos conmemorativos de la entronización de los reyes desde hace más de 30 años, ocupó un lugar central. Mohamed VI dio alguna pista del contenido de su mensaje al Secretario General de la ONU enviado hace una semana, cuando dijo que “queremos crear las condiciones de un retorno libremente consentido de nuestros hermanos saharauis expatriados, allí donde se encuentren, y poner término a su sufrimiento”. Y añadió: “Esperamos verles vivir en seguridad y en dignidad, protegidos por su patria unificada y en el marco de una Unión magrebí que encarne la integración de los cinco Estados que la constituyen”.

Palabras que han permitido entender a los medios diplomáticos que Marruecos estaría dispuesto a dar garantías de su compromiso institucional hacia la “integración del Magreb”, en caso de que sus vecinos acepten la propuesta de “autonomía regional” preconizada para el Sahara Occidental. Sin embargo, el rey alauita insistió en que su país no cederá en sus fronteras, que incluyen el Sahara como parte de su territorio, y llamó a cerrar filas en torno a “la causa nacional”.

Con cierta amargura y poco sentido autocrítico, Mohamed VI echó todas las culpas sobre su vecino Argelia acerca del actual cierre “unilateral” de las fronteras terrestres entre los dos países, que hace perder cientos de millones de euros a la economía marroquí. En efecto, por la linde entre Uxda y Magnia, pasaban cada año más de un millón de argelinos que dopaban la economía regional, hoy bajo mínimos.

Las fronteras terrestres entre Marruecos y Argelia se encuentran cerradas desde agosto de 1994 por decisión de Argel, después de que las autoridades marroquíes exigiesen el visado de estancia a cualquier argelino que quisiera visitar el reino magrebí. En aquellos días, el Gobierno de Rabat acusó, sin aportar pruebas, a los servicios secretos argelinos de estar implicados en el atentado de Marraquech en el verano de ese año en el que murieron dos turistas españoles e impuso la obligación de una autorización a los argelinos que quisieran viajar a Marruecos. Rabat decidió de manera unilateral suprimir esta medida hace cuatro años, esperando la reciprocidad de su vecino. Sin embargo, las fronteras sigue aún cerradas, ya que Argel condiciona su reapertura a una solución al conflicto del Sahara Occidental “conforme a las resoluciones de Naciones Unidas”, que por el momento sigue estando atascada.