Opinión

Revisitación de Marx y Engels en estos tiempos bárbaros

TRIBUNA

Emilio Arnao | Sábado 23 de marzo de 2019

Sabemos, porque así es la larga noche de los tiempos, que esta escritura nuestra sobre revisitar la obra conjunta de Karl Marx y Fiedrich Engels pueda parecer no sólo una antigualla, ni siquiera otra manera más de divagación o, lo que es peor, algo que alguien o algunos ya hayan dado por finiquitado. Nosotros no lo vemos así. Baste con observar cómo todavía sigue siendo profanada la tumba de Marx en el cementerio londinense de Highgate. Quizá no sea paradójico indicar que en esta segunda década del siglo XXI la profanación de tumbas ya se ha firmado como un poligenismo a la manera de aquellos libros que nos cautivaron a todos en aquel siglo XX, como El retorno del soldado, de Rebecca West; Tempestades de acero, de Ernst Jünger; El mundo de ayer, de Stefan Zweig, o Los cañones de agosto, de Barbara Tuchman.

Creemos que, efectivamente, urge una revisita, mejor una nueva contextualidad o, por decirlo con palabra gruesa, una propedéutica filosófica en donde se reafirme la cópula de un juicio que traspase completamente la particularidad hegeliana. Lo decimos ya directamente: Marx y Engels son la necesidad de una política humanística en este siglo en que la contrarrevolución ya no es que sea molesta, sino burda, manipuladora, dominante y sádica. Las preguntas, entonces, serían: ¿La tecnología nos va a hacer por fin libres?, ¿qué pensaban Marx y Engels sobre el maquinismo y la técnica en relación con la búsqueda de una sociedad libre de trabajo asalariado?

Procesemos estos datos: es conocido por muchos los nuevos estudios sobre tecnología, capitalismo y hacia dónde vamos si no ejercitamos una suerte de stop a este monstruo que es la Nueva Economía de este Milenio los que continúan analizando lo que el marxismo engeliano auguró ya en el siglo XIX. Karl Marx dedicó dos fragmentos al estudio de las máquinas y la tecnología. El primero esparce bravas líneas extraídas del capítulo VI inédito del tomo I de El Capital y el segundo, a manera de tráiler, lo hallamos en Fragmento sobre las máquinas publicado como aportación a los Gundrisse.

Disponemos de los estudios realizados por Bolívar Echeverría y por Paul Virilio, es decir, nos vienen del pensamiento latinoamericano tan confundido por el neoliberalismo actual en relación con la aplicación del marxismo. En ellos reverdece el tintero crudamente crítico de Marx desde una postura humanísticamente política. Leemos en Marx: “La naturaleza no construye máquinas, ni locomotoras, ferrocarriles, telégrafos eléctricos. Son éstos, productos de la industria humana: material natural, transformado en órganos de la voluntad humana sobre la naturaleza o de su actuación en la naturaleza. Son órganos del cerebro humano creados por la mano humana; fuerza objetivada del conocimiento (…) hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social han entrado bajo los controles del general intellect y remodeladas conforme al mismo. Hasta qué punto las fuerzas productivas sociales son producidas no sólo en la forma del conocimiento, sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso vital real”.

Quizá no sea absurdo deducir de todo esto que el marxismo engeliano ya tradujo que toda nueva tecnología abriría nuevos paradigmas. Por mucho que los feroces críticos del neomarxismo insistan, nos queda más o menos claro que Marx -posterior o anteriormente apostillado por Engels- ya pensó que toda emancipación del trabajo asalariado estaría relacionada con el control de la técnica capitalista o -éstas son sus palabras- del general intellect. A estas alturas es muy difícil no intuir que el aumento de la potencia productiva social de toda la humanidad y con ello de la riqueza general total -este feroz capitalismo como tournée de la especulación, el pensamiento único, la devoración del planeta, la corrupción a gran escala y las guerras como metáforas estrambóticas de la geopolítica, el espionaje entre el imperialismo, la geoestrategia o la ausencia de democratización de las grandes urbes o casas tecnológicas- no resolverá las necesidades sociales de esta aldea global siempre y cuando la tecnología siga siendo un arma política y económica en beneficio del Gran Capital de este Milenio.

¿Qué entendemos, pues, por esta revisitación del marxismo? ¿Por qué no nos sostenemos minuto a minuto abordando el nuevo paradigma o este cruel contexto que hoy prosigue generando esta duda o esta nociva tentación del existir, como la vio E. M. Cioran? En esta Gran Recesión que padecemos a nivel global, comentada hábilmente por Joaquín Estefanía en Estos años bárbaros, por ejemplo, no podemos obviar las preguntas que continuamente nos desbordan. ¿Fueron Marx y Engels una suerte de profetas?, ¿de qué manera fueron malinterpretados o, mejor dicho, manipulados por aquellos regímenes autoritarios como el leninismo, el estalinismo, el maoísmo, la revolución cubana, etc. etc.? Añadamos la más precisa: ¿Podemos volver a leer hoy en día a Marx en este siglo XXI sin volver a equivocarnos? Nuestra respuesta, como se percibirá, es abiertamente clara y contundente: sí, es posible, incluso necesario.

El año pasado celebramos el 200 aniversario del nacimiento de Marx. Para finalizar nos remitimos al libro de Gareth Sedman Jones Karl Marx: ilusión y grandeza. ¿Nueva biografía? ¿Tal vez la última? A lo mejor todo se explica en aquella última frase del siempre discutido e indiscutible Karl Marx antes de morir: “Yo no soy marxista”. Para nosotros la puerta sigue abierta. Entrar o cerrarla depende del sonido que surja de la lira griega según los dedos con que se vuelva a tocar cualquier tipo de instrumento.