La pasada Eurocopa, Cristiano Ronaldo se desmarcó del Manchester, su equipo actual, para dejarse querer por el Real Madrid. Todo parecía marchar sobre ruedas, pero sólo ahora sabemos que no era más que el principio de un nuevo culebrón como ocurrió con sagas anteriores protagonizadas por Figo o Ronaldo. Eclipsado quizá por la posible incorporación de uno de los mejores jugadores del mundo, el club blanco ha descuidado reforzar una plantilla para la que Bernd Schuster, su enternador, ha solicitado nuevos efectivos. El Madrid ganó la liga, pero no supo encarar con solvencia la Champions League, título anhelado por Ramón Calderon y al que apenas se han acercado los últimos años. Rafael Van der Vaart, holandés de madre chiclanera, es, de momento, la primera de las caras que pretenden dar aire al ataque merengue.
David Villa, ariete del Valencia y pichichi de la Euro, ronda la mente de Calderón como “plan B”, es decir, si falla el "plan A" llamado Cristiano. Los círculos periodísticos que estos días compañan a la plantilla en su concentración en Irving (Austria) señalan el escaso entusiasmo con el que Raúl, capitán blanco y anteriormente conocido como “el 7 de España”, acogería a la actual estrella del aficionado español y que podría restarle el protagonismo al veterano jugador en su propia casa.
A pesar de la llegada de Vander Vaart, de contrastada calidad, el gran “fichaje” de cara a la próxima temporada del Real Madrid es Rubén de la Red. Cedido al Getafe la pasada campaña, el canterano madridista logró consolidarse en un club modesto desde el que dio el salto a la internacionalidad. Autor de un gol simplemente espectacular la pasada Eurocopa ante Grecia, encabezó el que fue el sorprendente mejor centro del campo de la pasada liga, el del Getafe. Con apenas 23 años, el Madrid ya no lo presta a nadie y, si Schuster le da la oportunidad y él hace gala de la calidad demostrada en los últimos meses, De la Red será un “tapado” que se hará con la titularidad y la manija del medio centro.
El Barcelona es GuardiolaPor suparte, el Barça se encuentra en pleno proceso de depuración. Se ha deshecho de dos jugadores que en los últimos tiempos habían figurado en las portadas de los diarios deportivos por su actitud fuera del terreno de juego. Ronaldinho y Deco, señalados como prescindibles por Pep Guardiola nada más aterrizar en el banquillo azulgrana, han recalado en el Milán y el Chelsea respectivamente. El tercero en discordia, Samuel Etoo, podría quedarse a pesar de no contar con la aprobación del nuevo técnico culé, empeñado en confeccionar un equipo sin figuras sobresalientes pero con un juego sublime orquestado por Xavi e Iniesta.
Ojo con el Barça. Los nombres de sus fichajes no son demasiado sonoros –salvo el de Daniel Alves, lateral diestro procedente del Sevilla-, pero si se analizan sus características, son piezas que, sin hacer ruido, completan un puzzle aparentemente sin fisuras, como el canterano Gerard Piqué (central procedente del Manchester), Seydou Keyta (mediocentro poderoso que llega también de Sevilla) o el polivalente Alexander Hleb, bielorruso que jugaba en el Arsenal. Y quien hable más de la cuenta fuera del campo ya sabe cómo se las gasta Guardiola, que hace bueno aquello de “quien se mueve no sale en la foto”.
Villarreal y Sevilla, al acecho de la gloriaEl subcampeón de la pasada Liga, el Villarreal, ha sumado a su plantel jugadores de primera fila y es firme candidato a realizar un digno papel tanto en la competición doméstica como en la Champions, aunque es aventurado afirmar que es claro candidato a la consecución de uno de estos dos torneos. Su fortaleza reside en tener en nómina a jugadores ya conocidos en la ciudad, contentos en el equipo, queridos por la afición y, lo más importante, de una calidad innegable, de hecho algunos de ellos han sido claves en sus respectivos equipos en la Eurocopa, como Senna y Cazorla para España o Nihat para Turquía. Además, su entrenador, Manuel Pellegrini, desde 2004 en el club y por el que suspiran varios equipos europeos, imprime carácter y personalidad a un ex modesto que actualmente puede hacer temblar a casi cualquier equipo del mundo. Ibagaza, Edmilson o el goleador Llorente han llegado para intentar hacerse un nada sencillo hueco en un Villarreal que necesita una plantilla amplia para que no se le atraganten las numerosas y duras competiciones a las que, desde que es grande, tiene que enfrentarse.
El del Sevilla es un caso análogo. Brillante en su faceta ojeadora, por la que ficha a jugadores desconocidos que terminan por despuntar en el Sánchez Pizjuán para venderlos finalmente a precio de oro. Pero para el Sevilla nunca ha sido problema vender a grandes como Sergio Ramos o Baptista. Cada temporada llegan nuevos "Sergios Ramos" o "Baptistas" de la cantera, de un club europeo o del otro lado del charco. De hecho esta campaña ha vendido al Barça a Alves, el que dicen es mejor lateral derecho del mundo. También se queda sin dos baluartes como son Poulsen y Keita, pero llegan Squillaci, Romaric o Acosta, a los que nadie conoce pero que algo deben tener cuando han sido señalados por "Monchi", secretario técnico del Sevilla y uno de los responsables de haber convertido en más de una ocasión club, estadísticamente, en el mejor del mundo. Se queda sin sus mejores jugadores, pero nadie se atreve a decir que el Sevilla no volverá a estar entre los mejores equipos de esta Liga o que no volverá a enamorar con su juego.
Atlético y Valencia, las grandes incógnitasEl Atlético de Madrid, que según su última campaña de captación de abonos ha dejado de ser el “pupas” para convertirse en un aspirante a todo, jugará en Europa tras varios años de sequía en los que incluso ha mordido el polvo de la segunda división. En su contra, estar en dos competiciones en las que su afición le exigirá llegar lejos y la necesidad de confirmarse como tercer equipo de España. A su favor, que ha sabido atar a sus estrellas en ataque –Forlán y Agüero- y que ha sabido detectar sus lagunas de la pasada temporada, es decir, la portería –ha fichado al portero titular de la selección francesa, Coupet- y la defensa –John Heitinga, titular de la “naranja mecánica” la pasada Euro, que intentará dar credeibilidad y seguridad a una demarcación puesta en duda en el club colchonero-. El francés Sinama Pongolle, procedente del Recreativo de Huelva, será suplente de garantía para el pequeño genio Agüero y el veterano Forlán. A pesar de los refuerzos, el Atlético sigue siendo una incógnita. Javier Aguirre, en su segunda temporada, debe inyectar espíritu ganador e intentar derrotar al fantasma que últimamente atormenta a los equipos que recalan en Europa y que flaquean en Liga, rozando o consumando el descenso.
Del Valencia, en el terreno futbolístico no se puede decir mucho. La plantilla entrena sin ninguna incorporación de renombre y con la actividad en los despachos paralizada. Aún no ha solventado su culebrón particular -éste más amargo que el del Madrid- y su crisis económica y de poder hacen que, a estas alturas de pretemporada, nadie encabece un proyecto deportivo. Sin una línea de trabajo concreta, la plantilla es la misma que la pasada temporada coqueteó con la segunda división y corre el peligro de perder a David Villa, pichichi de la Eurocopa, si al Rel Madrid le place hacerse con sus servicios. No obstante, la llegada de Unai Emery, entrenador joven y con un talento sobresaliente que convirtió a un recién ascendido Almeria en equipo revelación la pasada temporada, sirve de tranquilizante para una afición paciente y perpleja ante la influencia que tienen en el fútbol inversores, especuladores y demás personajes ajenos al deporte que se la juegan a unos colores para prosperar en sus carreras empresariales.