Cultura

Juan Ripollés: "Hay muchos rebrotes nacionalistas y me dan pánico"

Entrevista

Jueves 31 de julio de 2008
¿No se siente como un profeta en su tierra?
Me siento una persona trabajadora y me preocupa mejorar mañana lo que he hecho hoy. Lo demás no me preocupa, estoy a gusto en mi tierra, fuera de mi tierra, lo que me interesa es la libertad de trabajar y trabajo todo lo que quiero.

El 80% de su obra está fuera de España. ¿Hasta que no se reconoce a alguien internacionalmente no somos capaces de darnos cuenta del talento?
Tampoco es así. En mi caso es porque salí muy joven del país, fui un emigrante cultural, nunca económico. Me marché y mi vida se ha desarrollado profesionalmente fuera, es por eso que no se me concoe más aquí. El país ha avanzado muchísimo, hemos ido a saltos, de 25 años para acá el cambio es enorme. Yo creo que no me puedo quejar...


Pintor, diseñador, escultor... Además cultiva su propio huerto…
Bueno, el huerto me gusta mucho, vivo en el campo, pero más bien me lo cultivan, aunque paso el mayor tiempo que puedo en el trabajo agrario. Hago muchas cosas en el mundo del arte, pero por falta de conocimiento. No tengo miedo. El conocimeinto asusta siempre porque entraña riesgos. En mi caso no sé bastante y me atrevo con todo.

Nunca ha pretendido clasificarse dentro de ningún género, ¿se considera un pintor emocional?
Emocional indudablemente yo creo que sí. Meterme dentro de una tendencia resulta un tanto complicado porque no trabajo intelectualmente, sino emocionalmente. A base de trabajar mucho se encuentra un hueco propio en el mundo del arte. En mi caso, como soy una persona vitalista, yo creo que así se me puede encasillar, pero no dentro de otros géneros. Necesito ser artista, me encuentro bien y me gusta, no porque sepa más que los demás. Tengo afición por pintar desde que era pequeño, como todos los niños y niñas. Después se hacen mayores y cada vez pintan menos, pero en mi caso se dio el fenómeno contrario.


En sus últimas obras, el uso del color es casi místico.
Necesito el color. La vida es color, la vida es luz. El color para mí es todo. Observo la vida y la vida es luz, donde hay luz hay color, pero donde no hay ni luz ni color, no hay vida. Por eso tengo esa necesidad.

Su estilismo no pasa inadvertido, ¿es parte de su obra, como un performance?
Yo vivo como puedo, no como quiero, que no me pongan una etiqueta, que no me hagan ir vestido como los demás. Me encuentro más cómodo con la desnudez, pero por las calles hay que ir tapado, y ya que hay que taparse, lo hago como me gusta. Es mi manera de vivir.

Y en materia artística, ¿cómo está más cómodo, vestido de pintor o de escultor?
Es como preguntar por qué se hace el amor. Porque lo necesito, porque me gusta. ¿Cómo me siento? Pues depende de cada momento. Cuando pinto me siento pintor, cuando esculpo, me siento escultor, cuando hago grabados… si no estoy a gusto, cambio de tercio. Hay veces que paso periodos que sólo pinto, o sólo esculpo. Hago lo que tengo necesidad. Lo de saber o no saber cómo, no es lo que me preocupa. Sólo pretendo evitar la insatisfacción que produce hacer algo que nunca llega a culminar. Me preguntan cuándo voy a crear la obra cumbre de mi vida… si la hiciera no trabajaría más. Nunca llegaré a la plenitud como artista, pero lo que sí tengo es la necesidad de manifestarme.

Usted ha declarado que no ha necesitado subvención para la exposición de Valencia, que cuenta con propios patrocinadores. ¿Es de los que comparte la opinión de que si las expresiones vanguardistas no son sostenibles económicamente, deberían desaparecer?
Soy partidario de que el arte no se subvencione. Es un sentir, una necesidad de vivir, como a quien le guste pescar o jugar con la pelota. Es una afición, y si puedo vivir de ella, vivo. Y cuando no pude vivir, trabajaba en un oficio.



Su "Universo Urbano" es una manera de acercar el arte de los museos a los ciudadanos de a pie...
Yo no he pedido que acordonen mis obras. Las esculturas son para tocarlas, para estar cerca de ellas. Que se suban encima también. Es muy difícil que se rompan porque son de bronce. Habría que ser muy animal. El arte en verdad está siempre al alcance de las personas, los museos cobran una pequeña entrada pero en las galerías es gratuita. Además hacen varias exposiciones durante el año. El que quiera vivir cerca del arte, que se dé un paseo por las galerías.

Usted ha pintado para Aznar, ¿lo volvería a hacer para Zapatero?
Claro que sí, ¿por qué no? Si me lo pide. Pero que haga como Aznar, que no pida un encargo de tema y tamaño. Aznar no sabía si le iba a pintar un circo o una procesión, y además no era para él, sino para la Moncloa. Fui personlamente y elegí la pared. Tardé dos años. Un día me llamó y me dijo: "Ripollés, es el último año que estoy de presidente, me voy a marchar y todavía no tenemos el cuadro". En efecto, lo acabé. Lo único que no permito es que me digan lo que tengo que hacer y cómo lo tengo que hacer. Vivo de pintar y de hacer esculturas, lo que gusta se compra, lo que no, no.

Muy mala relación con marchantes de arte, supongo.
Sí, yo soy libre.


¿Qué opina de que muchos artistas en España se hayan politizado?
Eso me parece miserable. Yo he sido siempre político. Creo que la política es necesaria. Siempre he estado pendiente del Ayuntamiento de mi pueblo, del Gobierno de mi país, y me preocupa Europa, el mundo, el ser humano… eso es política. Otra cosa es la militancia. Luché durante la dictadura porque no había libertad, que es lo que más me importa. Estaba comprometido y me jugué la vida en la clandestinidad. Cuando llegó la democracia lo dejé. En estos momentos estoy más disgustado que alegre. Hay rebrotes de nacionalismo y me dan miedo, más bien pánico. Nunca han traído nada bueno. Ibarretxe habla de los derechos de los vascos como si él fuera más vasco que nadie, lo mismo que predica Carod Rovira en Cataluña.

Le veo muy concienciado con este tema…
Los nacionalistas mandan demasiado. Y eso me asusta. Son fundamentalistas, secesionistas. Nos ha costado mucho llegar a este grado de libertad y ahora te exigen hasta cómo tienes que hablar. Mi país me hace sufrir, sí. Hay poca cultura, necesitamos ver el mundo con generosidad. El arte, por ejemplo, es universal, y el ser humano tiene que ser más solidario.


TEMAS RELACIONADOS: