Opinión

Síntomas de descoordinación en el Gobierno

Jueves 31 de julio de 2008
El arranque de la Legislatura, con un presidente del Gobierno crecido por su victoria y convencido de la incapacidad de la Oposición para inquietarle, se tradujo en un primer momento en una pasividad que llegó a ser abiertamente criticada por los medios afines a la mayoría socialista.

Inmediatamente después, la evidencia cada vez más palmaria de la crisis económica en la que se ha sumido España llevó al Gobierno a improvisar planes para dar sensación de diligencia. Pero esta llamada a rebato para que los ministros dieran la impresión de que afrontaban, por fin, los problemas, ha causado notables casos de descoordinación. Hecho que vuelve a preocupar a los citados medios pro socialistas.

El último caso ha sido el del ministro de Industria, Miguel Sebastián, que ha presentado un conjunto de medidas para el ahorro energético que han merecido críticas duras por parte de quienes desean el éxito gubernamental, y una cierta mirada compasiva por parte de quienes no creen en las capacidades gubernativas. A Sebastián se le ha llamado, cuando menos, "pueril" por su catálogo de intenciones, además de impreciso y superficial. Ocurrencias como el "cheque bombilla", sucesor del "cheque bebé" o del "cheque vivienda", ya no son acogidas como alternativas serias.

Lo más grave es que Sebastián, impulsado por su ansia ahorradora, se ha metido en las competencias de otros ministerios, como el de Interior. Por eso, Rubalcaba, finamente, le ha afeado su iniciativa de reducir la velocidad de los coches en las ciudades.

Hasta ahora, la descoordinación se planteaba siempre entre los ministros que querían gastar y Solbes. Pero ahora tropiezan entre ellos. Bibiana Aído ha sido corregida por activa y por pasiva, cada vez que ha abierto la boca. Otra ministra se permitió diferir del propio Zapatero, pues mientras éste sostenía que no habría reducción en las políticas sociales, afirmó que se recortaría la financiación gubernamental a la Ley de Dependencia.

El elemento coordinador del Gobierno fue, la pasada Legislatura, la vicepresidenta Fernández de la Vega. Parece estar ahora en horas bajas ante su todopoderoso líder, porque ha tenido que ejercer más de lo que quería éste como "pepito grillo". Y sin De la Vega, nadie puede coordinar nada en el Gobierno, ya que es sabido que Zapatero es alérgico a la gestión, y lo que le gusta son los grandes planes, las grandes proclamas y los grandes pactos para la fotografía.

Por todo esto, la imagen gubernamental se ha ido deteriorando rápidamente en las encuestas. Tal vez más pronto que tarde se vean cambios en el Ejecutivo por estos motivos.

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