Mestalla se vistió de gala para acoger el mejor partido de la trigésima jornada de LaLiga. El Valencia recibía al Real Madrid en un duelo de altura y en el que entrecruzaban interses diversos. Los locales se encuentran en pleno repunte de rendimiento y optando, con todas las garantías, por arrancar un hueco en la próxima edición de la Liga de Campeones en este tramo de curso. Por el contrario, los visitantes afrontaban una de sus visitas más indigestas en medio de un periodo de transición, sin objetivos ligueros, en el que sólo ponían sobre la mesa las ganas individuales de legitimarse de los jugadores más y menos habituales.
Marcelino García Toral hubo de lidiar con las bajas de Piccini y Gabriel alineando a Daniel Wass como lateral improvisado y a Diakhaby como pareja de zaga de Garay. Gallá desbordaría por el perfil zurdo, acompañado por Guedes. Kondogbia y Parejo distribuirían, y Soler desequilibraría como interior diestro y nexo con los puntas Rodrigo y Gameiro. Se trataba de reproducir el característico 4-4-2 que ha demostrado solidez defensiva a lo largo y ancho de toda la temporada. La faceta pendiente seguía resultando la fluidez anotadora.
Zinedine Zidane, por su parte, dio coherencia a las rotaciones implementadas en el duelo previo frente al Huesca. Relegó al banquillo a Isco y Bale para confeccionar el once más equilibrado posible. Deshizo el 4-3-3 para colocar a Lucas Vázquez como elemento de ida y vuelta de un centro del campo en el que regresaban Kroos, Modric y Casemiro. Asensio sería el compañero de Benzema en una idea de movilidad continuada en ataque. Marcelo y Odriozola repetían en los costados, con Ramos y Varane flanqueando a Keylor Navas. El técnico galo pasó del casting del fin de semana pasado a la vieja guardia en la que sigue confiando.
Y el duelo arrancó con presiones elevadas por doquier y con un ardor levantino que desembocaría en faltas e interrupciones. Discutirían temprano la posesión, con un tempo acelerado y exigente desde el prisma físico. La orden del preparador asturiano pasaba por jugar cohesionados en repliegue, por lo que la imposibilidad mutua de concatenar pases dibujaba el triunfo del tacticismo. Con las porterías y las mediapuntas uniformadas como extras en el guión. Las escaramuzas y la guerra de guerrillas no permitirían que la lucidez de los creativos asomara con facilidad.
Pasado el cuarto de hora se desnudaba la esencia del envite: circulación horizontal y controladora merengue, en cancha ajena, y achique, contragolpe y verticalidad valencianas. El rigor en el cumplimiento de las estrategias en la ocupación de espacios disimularía este duelo de estilos, pero el avance del minutaje lo haría latente. Y en el 17 Marcelo abriría fuego con una volea que casi sale del estadio, en la primera combinación profunda y rápida de sus acólitos. Asensio y Guedes se erigían en los estiletes subrayados, mas la personalidad de un Madrid comprometido y con evidente personalidad alcanzaría a anestesiar la revoluciones poco a poco. Con la medicina de la asociación por bandera.
Los locales se estirarían en transición y Rodrigo se presentó en el área de Navas en el minuto 19, pero en lugar de chutar eligió pasar hacia Gameiro, entregando el esférico al apurado repliegue merengue. El problema para la filosofía puesta en práctica por los madridistas radicaba en que su control de la iniciativa redundaba en los centros laterales y daba opciones a la salida rápida contrincante. Por ello, Kroos quiso romper la inercia con un derechazo que Neto sacó de la escuadra -minuto 22-. La conexión central entre líneas con Benzema estaba vetada por el buen hacer de los valencianistas, que habían avisado en contraataque. Si la concentración tras pérdida de los visitantes flanqueaba los ches florecerían.
La media hora incial se alcanzó con Guedes, Soler, Asensio y Lucas Vázquez destacando más en labores defensivas, retrato del pelaje del ajedrez. Ese sacrificio bloqueó la tratativa de monólogo merengue, mas no dio paso al lanzamiento al espacio con precisión. Parejo estaba tan tapado como Modric, para regocijo de Marcelino y Zidane -sus órdenes de no sufrir como mantra preponderante gobernaban-. En este paisaje una acción a balón parada o un error serían definitivos. Y ambos se juntaron en detrimento de los de Chamartín. El mediocentro internacional español botó un córner despejado por Navas que cayó en la frontal. Soler rompió a la descolocada zaga y Guedes recibiría en el área, sin marca, para descerrajar un latigazo ajustado a la cepa del poste -minuto 35-. Exhibiendo pegada en el 1-0.
No encajó bien el golpe la guadianesca mentalidad madridista y Gameiro cabecearía fuera tras la asistencia de Soler en el minuto 36. Antes del descanso se dejó el timón y la seguridad el conjunto capitalino. Y el Valencia aceleraría, subiendo líneas otra vez y combinando en la frontal oponente. Se dispararía su ritmo y energía y, en consecuencia, se desataba un vendaval. En el 37 Wass se colaba y centraba un balón despejado y rematado por encima del larguero por Kondogbia. Hacía aguas la coordinación del repliegue de un vigente campeón de Europa que añoraba ganar el intermedio. Un zurdazo de Rodrigo lamió la cruceta, de nuevo sangrando la espalda de Casemiro, Modric y Kroos. Se había deshilachado el dibujo pensado por el entrenador francés.
Una acción individual con disparo fuera de tino de Marcelo y un tímido remate de Asensio constituyeron la escueta respuesta atacante visitante en su peor momento. Justo antes de emprender el camino a vestuarios. El apagón individual y coral en la atención les penalizó sobremanera y Zidane tenía trabajo, pues llegarían a mandar sin peligro alguno. Necesitaba una vuelta de tuerca en fase ofensiva y también ajustar en el achique, ya que Parejo, Guedes, Soler y Rodrigo terminaron por hacerse con el tempo y el dominio tras la diana del luso. Se había jugado según los presupuestos especulativos de Marcelino.
Y los madrileños saldrían a la reanudación con mayor ambición y vehemencia. Con la mente refrescada adelantarían su escuadrón, con Marcelo y Odriozola muy arriba y arriesgando si cometían alguna imprecisión. Arrinconaron a los levantinos de manera absoluta, pero antes de embocar un remate sobre Neto concederían una opción clara de sentencia. Un centro del donostiarra, raso, fue recogido por la defensa local, que en lugar de mandar un pelotazo le dio la redonda a Parejo. Y el cerebro local pudo en carrera a Rodrigo. El delantero vio cómo Soler desbordaba a Casemiro y le puso un envío quirúrgico. Navas tuvo que salir y salvar a los suyos, tapando el remate del interior -minuto 52-.
En el 61, Parejo volvió a detectar en pase al espacio fenomenal. Rodrigo fue el receptor, quedando en cara a cara con Ramos. Con una hectárea por recorrer. Casemiro no llegó a la cobertura y el delantero encañonó un disparo demasiado angulado que rozó el poste. El soliloquio era merengue, mas el riesgo pertenecía, nuevamente, a los levantinos. No estaba ligando su ofensiva el coloso a la activación tras pérdida y se le contaminaba la continuidad en el mandato. Y Zidane, en este punto, relevó a Asensio -de más a menos- y Kroos -mejorado- para dar la alternativa a Isco y Bale. Inyectando, o intentándolo, más imaginación en estático -minuto 65-.
Confiaba el galo en el efecto del cansancio ante el repliegue laborioso e intensivo de los valencianos y visualizaba un desenlace favorable en este sentido. Por eso ideó soluciones ante el presumible asalto decisivo. En el 70, hasta siete jugadores visitantes se apostaban en torno a la mediapunta local. Marcelino leyó la idoneidad de aglutinar fuelle, retirando a Guedes y Soler por Cheryshev y Ferrán Torres. Y en el 74 perdonarían un 4 para 2 resuelto en pase de Rodrigo y doble taconazo fútil. Mariano completaría los cambios de Zizou -sustituyendo a Lucas Vázquez -agotado- en la entrega absoluta a los centros laterales, pues no había podido deshacer la superpoblación central valenciana.
En ese incierto devenir, cercano a la erosión anatómica de todos los peones, no viraría la apariencia de impotencia capitalina y de veneno del contragolpe che. Las trombas en transición que lazaba Parejo no sufrían enmiendas por la labor de cobertura visitante y el colectivo en ventaja ganaría minutos de oxígeno. No sólo eso: en el 82 Parejo botó un córner cabeceado por Garay a las mallas. Zanjando la anhelada cosecha de puntos y ofreciendo a Zidane el sabor de la derrota en su regreso al banquillo de Concha Espina. Desde su planteo astuto dictaron el tipo de enfrentamiento y salieron triunfales. Participaría Santi Mina -Gameiro se fue ovacionado- en la fiesta de un equipo en ignición (17 duelos invicto, racha de rango histórico) que se vaciaría en busca de la goleada. Con el Madrid noqueado. Le salió cruz al estratega ganador de tres Champions en su reconocible recurso ultraofensivo y únicamenete un cabezazo de Benzema superaría a Neto -en el descuento-.
- Ficha Técnica:
2. Valencia: Neto; Wass, Diakhaby, Garay, Gayà; Carlos Soler (Ferran, m.79), Parejo, Kondogbia, Guedes (Cheryshev, m.72); Rodrigo y Gameiro (Santi Mina, m.85).
1. Real Madrid: Keylor Navas; Odriozola, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos (Isco, m.64), Modric; Lucas Vázquez (Mariano, m.78), Asensio (Bale, m.64) y Benzema.
Goles: 1-0, m.35: Guedes. 2-0, m.83: Garay. 2-1, m.93: Benzema.
Árbitro: Pablo González Fuertes (Comité asturiano). Amonestó por el Valencia a Wass y Parejo, y por el Real Madrid a Odriozola y Marcelo.
Incidencias: partido correspondiente a la jornada 30 de LaLiga Santander disputado en el estadio de Mestalla ante 44.274 espectadores.