Opinión

El Príncipe y las lealtades

Luis Alejandre | Martes 29 de enero de 2008
Lo celebramos todos, mi Comandante: cuarenta años con salud y vigor, rodeado de afectos, ilusionadamente comprometido con España, es para celebrarlo.

En otra dimensión, también sus cuarentones compañeros de promoción de las Academias Militares van asumiendo responsabilidades. Será una generación bien formada -idiomas, OTAN, UE, Naciones Unidas- y bien curtida -Bosnia, Kosovo, Afganistán, Líbano, Iraq-.

Si pudiese destacar un aspecto básico, un norte que nos guía, priorizaría el de la lealtad. La misma que ofrecimos y hemos profesado al Rey, aquellas generaciones educadas en el franquismo, que jurábamos Bandera cuando en la Academia General Militar, recibía las estrellas de Teniente de Infantería

Creo conocer bien a los compañeros de promoción del Príncipe y se que no hay fisuras en el orden de las lealtades. Lealtades que no significan, precisamente halagos, ni sumisiones, ni siquiera intentos de movimiento de escalillas. Valores por los que algunos han sacrificado, incluso, expectativas de carrera por servir callados, discretos, eficaces a su lado. Son aquellos que se han resistido al afán de notoriedad, al saldo de la cuenta corriente, a la apariencia, a ascender a cualquier precio, a "cortar la hierba" al amigo para ocupar su puesto, o a recurrir a la mentira sistemática, repetida cien veces.

Lealtad, sobre todo es saber decir en el momento y con el tono justo "no, Señor". Lealtad es prevenir, comprender, adelantarse. Es dar seguridad en un ambiente inseguro.

¡Que Dios os de, mi Comandante Borbón, muchos años de vida! Que prevalezcan en su entorno los discretos y eficaces colaboradores que hacen de la lealtad su norte, que lo libre de los falsos profetas profesionales y de los halagadores de turno de oficio.

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