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Victor Campenaerts destroza el récord de la hora y se proclama el mejor ciclista

(Foto: Instagram).

CICLISMO

EL IMPARCIAL | Martes 16 de abril de 2019
Impuslado en la teconología y en las condiciones del recorrido logró la mejor marca nunca vista.

La rumorología hablaba en estas semanas de la posibilidad de la ruptura del récord de la hora ciclista. El belga Victor Campenaerts se había preparado al máximo para lograr el objetivo con el que quería, anhelaba, entrar en los libros de historia del deporte. La marca a batir correspondía al que fuera ganador del Tour de Francia Bradley Wiggins, quien registró 54,526 kilómetros en Londres, en 2015. Cuando se encontraba en la cima del rendimiento como contrarrelojista.

El caso es que Campenaerts se desplazó al velódromo de Aguascalientes, en el centro de México, para tratar de aprovechar las condiciones geográficas favorables de tal localización -al estar en altura la presión del aire es menor y ejerce menos roce con el corredor-. Y tocaría la gloria con las manos. El ciclista centroeuropeo acabó por destrozar la marca del británico. Alcanzó a recorrer 55,089 kilómetros, esto es, un completó un total de 221 vueltas a la pista.

El relato de la hazaña vio al belga volar e los 10 kilómetros iniciales, recorridos en 10:57 minutos. Y atravesaría la frontera del primer cuarto del evento habiendo promediado una velocidad de 54,975 kilómetros por hora, más afilada que la que pudo trazar 'Wiggo' cuando dejó su estela en este particular tipo de suerte contra el reloj. En consecuencia, todo apuntaba a que el territorio azteca sería marco de una jornada para el Guinness.

Campenaerts, medalla de bronce en la prueba contrarreloj de los Mundiales de ciclismo de Innsbruck (Austria), cruzó los 30 kilómetros pedaleando nueve milésimas encima de 32:39 minutos, lo que representaba un colchón de 18 segundos de ventaja sobre la pplusmarca a rimper. Por ello se concentraría en gestionar ese registro y mantener el paso, en lo posible. Mas el cansancio trataría de hacerle resbalar en la intentona, entrando en escena.

Lo hizo antes de que afrontara el cuarto de hora postrero. En el kilómetro 40 el belga se encontraba en 43:32 minutos de esfuerzo. Mas el representante del equipo del Lotto Soudal poseía ya un margen de 49 segundos de maniobra en relación con el rendimiento de Wiggins cuando faltaban 15 minutos. Saboreaba, según las referencias, la victoria emblemática. Había frenado algo el ritmo para contemporizar con anterioridad, aplicando una estrategia inteligente que apuntaba a un final consistente.

Al enterarse de la inercia cuando restaba un cuarto de hora los presentes se dejaron contagiar por la euforia. Simplemente debía no fallar un Campenaerts que volaba a más de 55 kilómetros por hora durante los últimos 10 minutos. El fruto de ese sudor se descubriría cuando el crono se paró. Había superado el récord mundial por un abismo de 563 metros. La barbaridad había sido completada con éxito y ya formaría parte de la élite del ciclismo.

Este corredor se propulsó en una bicicleta que acogió el desarrollo tecnológico pertinente. Rodó con un plato de 61 dientes y 14 piñones que le garantizaron que podría implementar su potencia como elemento nuclear del esfuerzo. Y le saldría la jugada redonda. Era la culminación de un mes de preparación en Namibia, a 1.800 metros sobre el nivel del mar. Una semana en México le bastó para convertir a Aguascalientes en un lugar inolvidable dentro de su biografía. El doble campeón contrarreloj de Europa, de 27 años, ya tiene derecho a afirmar, como haría, que es "uno de los mejores de la historia".

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