Opinión

La tristeza, el miedo y Notre Dame

TRIBUNA

Germán Ubillos | Sábado 20 de abril de 2019

Ante las imágenes pavorosas ofrecidas recientemente por la televisión de la Catedral de “Notre Dame”, en Paris, envuelta en llamas, cada ciudadano del mundo, cada espectador o espectadora habrá sentido algo semejante a la estupefacción y al dolor. ¿Quién no conoce “Notre Dame”?, ¿ quién no ha vivido en Paris o pasado unas vacaciones, o quien sin haber estado no ha visto la famosa catedral fotografiada, filmada o incluso descrita a través de la pluma de Victor Hugo o de los dibujos y la fantasía de Walt Disney?

Pero ha tenido que ser, charlando con mi joven “fisio” que viene a casa, y mientras hacia los ejercicios de rehabilitación de la rotura de mi cadera izquierda, y comentando con ella la magnitud del desastre, cuando la pregunté así, a boca jarro : ¿Y tú qué sentiste al ver esas imágenes por la televisión?

Tristeza – me respondió en el acto -, tristeza al pensar en los objetos perdidos y conservados allí, después de tantos siglos desde su construcción.

¿Y tú?- añadió ella acto seguido.

Como en un flash recordé las imágenes de las “Torres Gemelas” de Nueva York ardiendo, mientras minúsculos seres vivos se precipitaban al vacío desde las ventanas. Y los trenes de Atocha reventados como si fueran de celofán o de papel de plata; o las llamas del avión siniestrado en Barajas al salirse de la pista rumbo a las Islas Canarias y apenas despegar.

Yo sentí miedo, la respondí, un miedo a lo desconocido, a lo que está por venir.

Hablar en estos términos puede parecer absurdo. Pero no lo es tanto si nos percatamos que un joven ve las cosas tal cual son; la muerte existe para él o para ella, pero es algo lejano casi diría inasequible, pero un viejo tiene la muerte muy cerca y si es consciente tiene la acumulación de imágenes llenas de simbologías e igual puede pensar que es el diablo o las fuerzas del mal, que el “enemigo invisible”, como pensé en su día, o como el presidente Bush que casi sin dar crédito a lo que veía, balbuceó los nombres de Osama ben Laden y Saddam Hussein.

El exceso de cultura, el exceso de vida y experiencia unida a la labilidad de los seres humanos, hace que en “un momento determinado del tiempo de la vida” lo que un hecho o una imagen – que dicen vale más que mil palabras – nos produce tristeza, en otros momentos nos produzca miedo.