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Amstel Gold Race. Van der Poel sorprende y se corona con épica en su casa

CICLISMO

EL IMPARCIAL | Domingo 21 de abril de 2019
El ciclista local cazó a Fulgslang y Alaphilippe a 300 metros de meta para culminar una exhibición.

El ciclismo vivió este domingo una de sus jornadas grande en la disputa de la 54ª edición de la Amstel Gold Race. Se desplegaban ante algunos de los mejores corredores del pelotón internacional 265,7 kilómetros plagados de desafíos para el resuello de los competidores, con rampas explosivas que romperían la candidatura de más de uno en el tramo postrero de la cita. Y, ahí, emergió la figura de Mathieu Van der Poel (Corendon Circus) para salir triunfal.

La victoria de este neerlandés tuvo un sabor particular. Y es que replicó la victoria que logró su padre, Adrie Van der Poel en 1990. De paso, el nieto de Raymond Poulidor recuperó para su país la clásica holandesa por excelencia, única carrera de esa nación incluido en el World Tour. El último neerlandés en ganarla había sido Erik Dekker en 2001. Así, Mathieu confirmó su categoría como corredor, después de venir de rozar el podio en Gante-Wevelgen y Tour de Flandes. Ahora, con 24 años, ya se ha ganado el estatus de nombre grueso.

Vencería en un esfuerzo descomuntal, arrollador en cuanto a fe, que sería capaz de atrapar a los fugados Julian Alaphilippe (Deceuninck Quick Step) y el danés Jakob Fuglsang (Astana) en la recta de meta, cuando todo parecía sentenciado en los últimos kilómetros para un cara a cara entre dos de los representantes más destacados de los mejores equipos de este 2019. El todoterreno del Corendon Circus llegaría a conectar con ellos y les arrasaría en la llegada. Simon Clarke (EF Education First) y Fuglsang cerrarían el podio de una carrera de la cerveza corrida con una media de 41,056 kilómetros por hora..

El relato arrancó con la pugna característica por abrir los demarrajes en los kilómetros inicales. Se formaría una escapada de once corredores que el pelotón respetó. Viajaban en ese grupeto cabecero, que alcanzaría los ocho minutos de margen, Aaron Verwilst (Sport Vlaanderen), Thomas Sprengers (Sport Vlaanderen), Jerome Bauguies (Wanty), Tom Van Asbroek (Israel), Julien Bernard (Trek Segafredo), Michael Schär (CCC), Grega Bole (Bahrain Merida), Marcel Meisen (Corendon Circus), Nick van der Lijke (Roompot), Marco Minnaard (Wanty) y Paolo Simion (Bardiani). Ninguno de ellos fue entendido como una amenaza por los favoritos.

Y la prueba se desarrollaría sin explosividad hasta que restaron 40 kilómetros. En esa frontera se atravesaría el ascenso a la cima del Vaalserberg, el punto más alto en los Países Bajos, y el Deceuninck Quick Step y el Astana comenzaron su labor de caza. Cambiaron el ritmo de crucero del gran grupo y lo dispararon, limando a competidores que llevaban ya 140 kilómetros en las piernas. Endurecerían la parte final del envite, pretendiendo alimentar las opciones de sus jefes. Philippe Gilbert y Julian Alaphilippe salibaban. El conjunto kazajo daría continuidad a la maniobra, dando otra vuelta de tuerca.

En cambio, la valentía de Van der Poel quedó plasmada en un aviso a 43 kilómetros de meta. Aprovechó el neerlandés la subida a la vigésima octava de las treinta y cinco ascensiones que conformaban el trazado, con rampas del 10%. Únicamente le seguiría el guipuzcoano Gorka Izagirre, pero los gallos echarían abajo la tratativa. El movimiento de Mathieu, campeón mundial de ciclocross, valdría para deglutir a la escapada del día, reiniciando las estrategias de todos. Y en el Eyserbosberg, con el duro Kruisberg pasando factura, Alaphilippe entró en ignición, promocionado por el derroche de su compañero Dries Devenyns. Sólo le tomó el rebufo Fulgslang.

Por detrás reaccionarían Matteo Trentin (Mitchelton Scott), Michal Kwiatkowski (Sky) y Michael Woods (EF Education First). Este último tiraría la toalla y, en paralelo, los candidatos que quedaban en el pelotón se mostraban hieráticos, con la ventaja de la dupla de cabeza creciendo. El mano a mano entre Alaphilippe y Fulgsang contra Kwiatkowski y Trentin se apretó en la subida a Cauberg (a 18 kilómetros del final), pero los punteros sostuvieron su brecha también en la escalada a la penúltima cota, el Geulhemmeberg. Estaba perfilándose un colchón que parecía dejar visto para sentencia el cuerpeo entre Astana y el Quick Step por su enésima victoria en esta temporada triunfal que vienen trazando.

El problema es que Alaphilippe y Fulgsang se marcaron de tal manera que apuraron al máximo la ventaja que habían cosechado con respecto a sus perseguidores. Los expertos cazadores de etapa se atacarían y frenaría, de manera reiterada, expectantes ante el siguiente movimiento del otro. Y, en el entretanto, Van der Poel había demarrado como guía del pelotón. Sólo acariciarían un triunfo que parecía cosa de ellos a falta de 300 metros. Serían tragados cuando restaban 100 metros para la meta y la promesa neerlandesa exultaría glorioso, desbordando a todos y sorprendiendo a propios y extraños en un desenlace para el recuerdo. La recta final de la Valkenburgerstraat de Berg en Terblijt encumbró a Mathieu, inaccesible al desaliento cuando saltó en busca de los escapados a 7 kilómetros. Alejandro Valverde (Movistar), el mejor español, estuvo lejos de todo esto.

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