Editorial

Pedro Sánchez, vapuleado

EDITORIAL

Miércoles 24 de abril de 2019

Seguramente ningún candidato ha logrado una gran victoria entre los dos debates. Pero, sin duda, Pedro Sánchez se ha erigido en el gran perdedor. Como le dijo Casado, ha demostrado que no tiene talla para ser presidente del Gobierno. Ha estado torpe, sin ideas, sin reflejos. Ha interrumpido constantemente a Casado y a Rivera, convirtiendo el debate en una pelea de gallos. Y se ha limitado a fanfarronear de su gobierno leyendo cansinamente la lista de sus gestiones. ¡Lo ha leído todo! Casado y Rivera se han ensañado con él y hasta Iglesias le ha endilgado alguna bofetada. Ha sido vapuleado. Ha hecho el ridículo.

Rivera ha perdido parte de lo ganado en el primer debate. No le faltaba razón a Iglesias cuando le llamó maleducado. Demasiado nervioso, marrullero, también interrumpió constantemente al resto de candidatos. Pero no se estrelló. Volvió a ser rotundo y directo en sus ataques a Sánchez. Se mueve con soltura ante las cámaras.

Casado se superó, estuvo brillante, sereno y convincente. Se expresó con claridad y volvió a darle un revolcón a Sánchez con el tema económico. Y pugnó duramente con Rivera por liderar la derecha. Fue el mejor. Pablo Iglesias mantuvo su moderación y agilidad, aunque debió ahorrarse los consejos paternales a sus adversarios. No era “el árbitro”, como le recordó Rivera. Y entre los tres, derrotaron a Sánchez, lo que probablemente repercutirá en las urnas.

Los electores ya saben que si gobierna el PSOE se aliará con todos o parte de sus socios habituales, mantendrá el diálogo de sordos con los separatistas, que seguirán burlándose de España, subirá los impuestos y, en consecuencia, se frenará el crecimiento económico y aumentará el paro. Pero despilfarrará el dinero público en sus ocurrencias progresistas. También saben ya los electores, que un Gobierno del PP, Cs y Vox afrontará con todo el peso de la maquinara del Estado de Derecho el desafío secesionista catalán y, sin duda, la gestión de la economía será, en el peor de los casos, mejor que la comunista que ha diseñado Pablo Iglesias.

La retransmisión en directo de los dos debates ha resultado un éxito democrático, a pesar de algunos defectos en los formatos televisivos: el primero, demasiado encorsetado; el segundo, demasiado bronco y ruidoso. Pero las campañas del futuro tendrán que limitarse a programas y debates en los medios de comunicación. Son más eficaces y salen gratis. Los mítines solo sirven para tirar el dinero público por la borda. La ley electoral debería regular la celebración de debates sin cortapisas y, de paso, eliminar la anacrónica prohibición en la era de Internet de publicar encuestas en la última semana antes de las elecciones.