Los fulgurantes y desbordados fuegos pirotécnicos que iluminaron el horizonte jarocho al llegar la media noche del domingo 21 de abril de 2019, para marcar la histórica jornada del día 22, señalada en el calendario para conmemorar el quincentenario de la fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz, son la muestra puntual de una memoria histórica viva que no necesita callarse nada ni andarse con falsos pudores. México no evade la efeméride de la Conquista española en sus diversos episodios y 2019, y de aquí a 2021, es ocasión extraordinaria y propicia para evocar entre otros aspectos, a la ciudad que es el puerto y la puerta de México: Veracruz. Y los jarochos, coloquial manera de ser llamados sus habitantes, se lo han montado de manera fervorosa. La fecha del 22 de abril de 1519 se ha grabado a perpetuidad.
Veracruz ha sido y es la entrada a México. En ello va la importancia de todo esto por tratarse, además, tal gesto fundacional que se rememora, del primer ayuntamiento español de la América continental. Imagínese su relevancia.
Y es verdad que todo esto no se entendería si no está ligado a Hernán Cortés; a, decíamos, la trascendente conquista de México que fue el cimiento medular del Imperio español –sí, con sus muertos de ambos contingentes– y a que, como se lo expresé en mi entrega del pasado 28 de marzo, México es el país más indigenista y más hispanista de América y por lo tanto, y lo expreso sin tapujos ni melindros, destina por igual presupuesto público a desenterrar ciudades precolombinas, que a sostener el patrimonio hispánico edificado por tres siglos. Y se puede gastar una pasta en conmemorar semejante aniversario. Cinco siglos bien que lo merecen.
Como puede atestiguar por mis palabras, México sí está abordando tan importante asunto y en ello va de todo, incluido conmemorar y por todo lo alto –por paradójico que resultara– la fundación de tan singular sitio, por ser el punto de entrada a la historia patria, pues quien más y quien menos que puso pie en este país, muchas veces lo hizo ingresando por allí, por Veracruz.
Así, conviene efectuar algunas precisiones acerca de esa peripecia: Hernán Cortés marchó de Cuba a explorar nuevas tierras contiguas, oyendo las crónicas de Grijalva (1518) y antes de Hernández de Córdoba (1517). Sin permiso del rey, en este caso de Carlos V, se puede suponer una suerte de renegado. Astuto, supo que había que enmendar el camino en plan de adelantado. Fundó el primer ayuntamiento de tierra firme en el nuevo orbe, la Villa Rica de la Vera Cruz, en su asentamiento original, conocido como Antigua, como la conocemos, que hoy es cierto ruinoso espacio a unos kilómetros del actual y pujante puerto mexicano que ha sido el escenario de esta fiesta de la memoria. Arribó un 21 de abril y bajó el 22, un Viernes Santo. Acaso un acto extralegal, mas con la legislación castellana.
El actual Veracruz es el segundo asentamiento, como le sucedió a La Habana, a Guadalajara y a otras ciudades de la América española, que hubo que refundar por diversos motivos, removiéndolas de su ubicación primigenia.
Y en todo caso, el puerto mexicano más importante se convirtió en el referente para la trama final de la Carrera de Indias que iniciaba al pie de la Torre del Oro, siendo el vértice de acceso no solo de todo aquel que provenía de las Españas, sino después de los invasores franceses y estadounidenses que bombardearon y ocuparon el puerto en los siglos XIX y XX. Fue un sitio con defensa, si bien algo precaria, que nunca resistió con mayor éxito los embates enemigos. Como referente recordemos que cuando los británicos conquistaron La Habana en 1762, en la catedral de la Ciudad de México se oró “por las armas del rey” implorando su triunfo definitivo, pues bien se sabía que, si La Habana caía, Veracruz sucumbiría el embate agresor, de producirse. Nunca se produjo, empero el temor fundado persistió e infortunadamente lo habríamos de materializar en dramáticas ocasiones subsecuentes ya en el periodo independiente, que le valdrían el título de “Heroica”, cuatro veces.
Veracruz puerto, enclavado en la provincia homónima cuya capital es Jalapa, por eso fue descrito por Agustín Lara como esa frase lapidaria que reza: “pedacito de patria que saber sufrir y cantar…”.
Son cinco siglos que han escrito la historia de México desde su paraje. Ser de Veracruz puerto es una de las mejores cartas de presentación en este país. Los inmigrantes que bajaron en su malecón –llámese libaneses o judíos o los republicanos españoles que huían de la Guerra Civil y la represión franquista, da igual– supieron que la palabra “bienvenido” es inherente al puerto que los recibió y que ser jarocho es como se carioca en Río, señal de identidad.
Veracruz es ciudad hermana de La Habana, también refundada en 1519. Sus comparsas rivalizaron en calidad con los habaneros. Es una urbe caribeña, pese a su lejanía geográfica. Acaso pertenece a eso que ha descrito la profesora alemana Johanna Von Grafenstein como el Circuncaribe, condición que la hermana y aproxima a esa región. Hace unos años estando en el puerto asistí a una conferencia del embajador de República Dominicana que testimoniaba que Veracruz es una localidad caribeña de cepa, y yo coincido. Su malecón, su fortaleza de San Juan de Ulúa –que fue el último reducto del dominio español en América continental– su clima, su carnaval, sus baluartes, su comida y su talante lo confirman. Posee su iglesia del Cristo del Buen Viaje, como las hay en La Habana, Cádiz y Sevilla. ¿No es evocadora de la Carrea de Indias?
Déjeme retomar el episodio de San Juan de Ulúa. La capitulación de 1825, después de cuatro años de sitio y desde que de manera unilateral Nueva España fijó su independencia en 1821, lo coloca después de la batalla de Ayacucho en Perú, verificada en 1824, por lo cual Veracruz es el punto de entrada y de salida del Imperio español en América continental. Hasta ese simbolismo posee.
Veracruz es un contar y no acabar. Quinientos años lo revisten y nos entusiasma. Su historia viva se respira, su referente lo es para toda la patria mexicana. Veracruz se entrega y es inagotable. Recién la visitó el buque escuela de la armada española Juan Sebastián Elcano y sabemos que fue un recibimiento formidable, como solo sabe prodigarlo Veracruz puerto. No podía ser de otra manera cuando aquel cumple su periplo simbólico de circunnavegación evocando la expedición de Magallanes-Elcano. Otro quinto centenario que nos invita a justipreciar lo que somos como humanidad.
Por lo pronto, Veracruz se crece y La Bamba como su himno emblemático, es un son cuyo zapateado y sus arpas de fondo nos lo evocan de manera inconfundible. ¡Felicidades, Veracruz! Que de nuevo tu valentía al mirarte en el espejo de la Historia se te reconoce. Que vamos por otros 500 mejores aún y nada nos dará más dicha.