Editorial

Los encuentros de Sánchez en La Moncloa

EDITORIAL

Lunes 06 de mayo de 2019

Dice Margarita Robles que los encuentros en la Moncloa de Pedro Sánchez con Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias son “una oportunidad para bajar los niveles de confrontación y encontrar puntos de encuentro en cuestiones de Estado”. Ojalá. El gran problema es que ni la ministra de Defensa en funciones se lo cree.

A Pedro Sánchez le viene muy bien hacer el paripé de recibir a los líderes de la Oposición después de haberles derrotado a todos de una tacada. Con la excusa de las relaciones institucionales, el presidente del Gobierno va a pedir a Casado y a Rivera su apoyo para llegar a pactos de Estado. Será difícil que alguno llegue a firmarse, pero Sánchez podrá echárselo en cara. En realidad, el líder del PSOE quiere tantear a Iglesias, cuyos votos necesita para ser investido, aunque intenta zafarse del acoso del líder de Podemos que le presiona para entrar en el Gobierno.

En estos momentos de zozobra política, el acuerdo entre el PSOE, el PP y Ciudadanos en “cuestiones de Estado” resultaría imprescindible. Sería beneficioso para todos los partidos y, en especial, para España. Pero Casado y Rivera no quieren comprometerse con un político que no ha parado de decir una cosa y hacer la contraria. No se fían de él. Y el presidente tampoco tiene el más mínimo interés en esos utópicos pactos de Estado con el centroderecha.

Pedro Sánchez tendrá que acordarlo todo con Podemos y buscar el apoyo del PNV y los canarios, tan dispuestos siempre a complacer al poder a cambio de unas buenas tajadas denominadas transferencias. Y, al final, Sánchez prefiere pactar con ERC que con el PP o Ciudadanos.

En realidad el acuerdo que busca Pedro Sánchez es, naturalmente con Podemos, pero también con ERC. El tripartito que podría gobernar la ciudad de Barcelona y otras muchas capitales catalanas. El presidente del Gobierno puede hacer guiños a Ciudadanos, incluso al PP. Pero que nadie dude que lo que quiere el presidente es gobernar desde la izquierda pura y dura. Y ése es, además, el requisito de Podemos, su socio imprescindible.