Opinión

Hemos votado subida de impuestos

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 09 de mayo de 2019

Con sus votos, aunque con una notable falta de información tributaria y fiscal, los españoles han dado permiso a Pedro Sánchez para que indulte –o siga utilizando políticamente a conveniencia este perdón– a los políticos inmersos en el juicio del procés en caso de ser condenados; para que exhume urgentemente, subrayo urgentemente, los restos de Franco (camino de que se cumpla un año con este “cuento”); y, sobre todo, o eso prefiero pensar, para que cumpla todas sus promesas electorales, pese a que para ello sea necesario un dinero que el Gobierno no tiene.

Y este es otro de los problemas. El Ejecutivo no tiene dinero para hacer todo lo que ha dicho que va a hacer con la justificación de que se trata de políticas sociales, pero tampoco dijo nada de dónde iba a sacarlo. Ahora sí y no ha sido del agrado de nadie conocer las previsiones macroeconómicas para los próximos cuatro años que el Gobierno de Sánchez ha mandado a Bruselas y que contemplan una subida masiva de impuestos que suponen 26.000 millones de euros.

Quizá, si yo fuera político, habría hecho lo mismo. Dos días antes de las elecciones, en un “viernes social” digo que bajo el IVA a los productos de primera necesidad y tan solo dos días después del 28-A informo de que tengo previsto crujir a impuestos a los sacrificados españoles que me han votado y a los que no. Y es que este “palo” no lo van a pagar solo los ricos. Ya saben, aquí apoquinará todo el mundo. Los pobres también.

¡Preparen los bolsillos! Por decir alguno de estos espoleos, el Gobierno espera que 18 millones de trabajadores y autónomos con vehículos diesel paguen de sus bolsillos más de 160 millones de euros con un impuesto a este tipo de carburante. Pero también 339 millones con el Impuesto sobre el Patrimonio y otros 1.200 millones con el “impuesto digital” y 850 millones más con el de Transacciones Financieras.

Una política económica y social que, como el propio Gobierno ha reconocido, no va a crear empleo. Una política de gasto en una coyuntura nacional y exterior de prácticamente estancamiento del crecimiento de la Economía. Unas señales de lo que se nos viene encima que, por cierto, están siendo ignoradas a conciencia. ¿Recuerdan que haya pasado esto no hace tanto?

Pero volviendo al comienzo, lo triste es que estos mismos españoles han dado con su voto por buena una forma de hacer política basada en la mentira, en el ocultamiento de información y en el aprovechamiento de recursos del Gobierno para intereses personales y de partido. Las pasadas elecciones han demostrado que a la ciudadanía en general no le importa que se promueva una moción de censura con un objetivo que cambia al día siguiente de ganarse, que se puede abusar de medios de transporte “muy caros” como es el avión privado y el helicóptero o que se pueda utilizar de forma partidista algo tan importante como es la radio y la televisión pública, como sus propios trabajadores han denunciado.

Tampoco ha sido relevante electoralmente el talante egocéntrico y narcisista de un presidente que se quiere poner a la altura del Rey, tanto a nivel protocolario (con escenas que, recordamos, nos hicieron sonrojar por ridículas) como de funcionamiento, al adelantarse con la ronda de contactos con los partidos para la formación de Gobierno una de las atribuciones del Monarca.

Se ha podido comprobar que una tesis plagiada tampoco ha sido trascendente a la hora de la renovación para seguir ocupando la Moncloa. La ética y la moral, necesarias para cualquier administrador de lo público al que se ha otorgado la confianza de la sociedad y que ha servido para expulsar a otros responsables de sus cargos, no ha tenido el mismo nivel de exigencia por una parte de la opinión pública con Pedro Sánchez.

España ha votado “subida de impuestos”, aunque muy pocos tuvieran claro que se fuera a tratar de tanto. También hemos votado “paro”. Pero todos somos demócratas y estamos contentos porque ya no viene “la derecha”.