Opinión

La felonía del monopolio de las editoriales españolas

TRIBUNA

Emilio Arnao | Domingo 12 de mayo de 2019

La cabalgadura de este alcornoque que son las editoriales que trajinan las corbetas de las letras españolas a mí personalmente me dan el olisqueo de las familias sicilianas o la delincuencia que siempre aparece cuando alguien decide imponer cualquier tipo de ley seca. Todo lo que se prohíbe o aprisiona acostumbra a encender una tea que nos alerta de los condominios. Por tanto, queda claro -si no están de acuerdo eviten la ingenuidad que les habita- que la literatura o la creación expuesta en los libros en este país de conejos hace tiempo que raya la felonía, el culebrón, la ratonería o la hambre que siguen pasando los que como al Lázaro de Tormes a la hora de publicar su obra a todas todas en el pajar donde silba la llave se encuentran a manera de dieta con el pan ratonado.

Y es que dentro del mundo editorial español a los pobres lacerados “donde se cierra una puerta, otra más se cierra”. Da la impresión que en esta República de las Letras Hispánicas existe un cartelón en todos los medios de comunicación, revistillas culturales, carteles publicitarios o esos club de amigos que se reúnen en las cavernas palaciegas de la sinrazón en donde el alcohol afecta a sus monterías en el que se cita: “Si no tuviera a tan buen recaudo esta arca, yo dijera que me habían tomado della panes; pero de hoy más, solo por cerrar la puerta a la sospecha, quiero tener buena cuenta con ellos: nueve quedan y un pedazo”. Y es por eso que los que se quedan fuera de este mundo por de dentro exclaman con plegaria de criados: “Sant Juan y ciégale”.

Por tanto, quiero lanzar desde aquí mi más enérgica repulsa, adobada de vergüenza ajena, más con el condimento de lo que no sólo yo, sino muchos de los que escriben con afán de follar con las palabras hasta conseguir un revulsivo o una vuelta de tuerca a esta República de las Letras copada por los tiranos del night-club, por estos adictos al Régimen literario, contra este monopolio del editorialismo español que tiene de salud una suerte de fundamentalismo católico o ateo, que da lo mismo. La edición en España se ha convertido en una sombra alargada que perfora hasta la endorga, la ilusión o la androginia de mucha gente que escribe abrasándose los labios y que no tiene espacio ni andurrial ni editorial que lo lea. Aquí lanzo los datos para que ustedes se den cuenta de que el editor de hoy en día hace orejas de mercader.

Entre Planeta y Penguin Randon House se narcotiza toda esta especie de nuevo capitalismo que ya ha entrado de lleno, como tantas cosas, en el mundo del dinero, de la venta segura, de los amaños de los concursos literarios -todos sabemos que la mayoría de premios literarios se dan a través de una llamada de teléfono: “Oyes, Elvira, soy de Seix Barral, mira, jovencita, que envíes tu manuscrito, es que nos gusta tu blog, que está petado y te sigue mucha gente, que te vamos a dar el Biblioteca Breve”, “Pero si mi novela es una mierda”, dice Elvira Sastre, “Eso da lo mismo, hoy las mierdas venden más que las perlas del Caribe”, y en ese plan-. E ingenuo o necio será el que no se haya dado cuenta que tanto Planeta como Penguin Randon son como Amazon.es o Google, como El Corte Inglés o Zara o, mejor aún, como Messi o CR7, es decir, una Tierra de combate en donde Cronos, que es el hijo del Tiempo, castra a Urano, su padre, ocasionando de tal manera que el mito sea presente y podredumbre, amiguitos de colegio o jóvenes que son viejos -que es lo mismo que esos viejos que son jóvenes- embaucados por esta isla del tesoro en donde los maravedíes, las rubias pesetas, el dolarismo o las acciones del IBEX 35 sólo pintan andrajos o zarrias.

La última captación de este accionariado del capitalismo de la edición ha sido Salamandra, la cual se ha vendido al conglomerado de Penguin Randon House. Pero a mí personalmente lo que más me jode, como a muchos con los que hablo con señales de humo, es que editoriales que comenzaron como independientes, como una voz distorsionada y diversa en este mundo anglosajón de las letras españolas, se vendan a Vito Corleone. Los jefes de la edición en España son como los que se sientan en los consejos de administración de la Banca y a la Nueva Economía que nos asola. Por ejemplo, yo diría que es lo mismo ser el argentino Pedro del Carril o su novia o esposa o amazona o lo que sea Sigrid Krauss -pareja del Penguin- que el ex ministro de Economía Luis de Guindos, Roger Altman -presidente de Evercore Partners-, Peter Sutherland -Goldman Sachs-, Douglas Flint -presidente de HSBC- o Mario Moreno Cantinflas, que pasaba por allí, por ese Club Bilderberg, casa de especulación en donde los Illuminati se reúnen un suponer en el lujoso Grove Hotel, en Watford, a 34 kilómetros de London.

Por acabar, está claro que hoy la literatura española es cosa de unos listillos y listillas que son fichados por estas dos transnacionales del márquetin ibérico sin darse cuenta que en el fondo son tratados como asnos cargados de oro que van ascendiendo como imbéciles ligeros por la montaña rogando a Dios a la puta madre del capital sin saber que hoy por hoy dádivas quebrantan peñas. Imaginemos una conversación entre José Creuheras, último siciliano de la familia Lara y Núria Cabutí, consejera delegada de Penguin Random House en España: “Y por ahora, Sanchica, atiende a que se regale este señor; pon en orden este caballo y saca de la caballeriza güevos y corta tocino adunia, y démosle de comer como a un príncipe, que las buenas nuevas que nos ha traído y la buena cara que él tiene lo merece todo; y en tanto saldré yo a dar a mis vecinas las nuevas de nuestro contento”.