Alejandro Roemmers presentó este jueves en Madrid su último poemario, Sonetos del amor entero, en un acto celebrado en el Teatro Real en el que intervinieron el académico Luis María Anson, el poeta Luis Alberto de Cuenca y el biógrafo Alejandro Vaccaro.
La presentación y lectura de poemas estuvo precedida por la entrega al empresario, poeta y escritor argentino de la distinción que concede el Forum de la Alta Dirección, un galardón que han recibido en otras ocasiones el Papa Juan Pablo II, Luis María Anson, Mario Vargas Llosa y José María Aznar.
Editado por Visor, el poemario reúne 111 composiciones gobernadas por su afán "humanista". En palabras del poeta, se trata "quizá" del mejor de los libros que ha escrito hasta ahora. "Me ha dado ya muchas satisfacciones porque le ha gustado a la gente que quiero", afirma en declaraciones a Efe.
"El soneto debe ser conciso, no debes explayarte. No tengo tiempo, estoy en muchas cosas a la vez y en el soneto, según lo empiezo, se dónde tengo que terminar. Son 14 versos cada uno; un desafío que me acota, me limita. Es una composición muy musical y casi todos los grandes escritores han escrito en soneto", añade.
La mitad de los sonetos reunidos en Sonetos del amor entero son inéditos. El resto han sido ya publicados en otros de sus libros aunque en España no son conocidos: "Me llevó una vida entera hacer el libro", reconoce el autor de media docena de poemarios.
Ninguno de los poemas, cuenta Roemers, es "inventado", pues todos tienen que ver con "una situación vivida: cuando algo me emociona lo escribo ya sea en el momento o un tiempo después".
"Aquel que me trató, quizá concuerde: servir, fue mi propósito y mi anhelo", escribe en Epitafio: "Eso es perfectamente lo que podría poner en mi tumba".
Al acto, celebrado en el Teatro Real asistieron 400 personas del mundo de la cultura que formaron cola después para que el autor les firmara el libro. Tras las intervenciones que fueron muy aplaudidas de Anson, Cuenca y Vaccaro, Alejandro Roemmers recitó una docena de sonetos que el público escuchó, ovacionando al poeta después de cada poema.