Opinión

Verano fatal

Andrea Donofrio | Domingo 03 de agosto de 2008
Ya estamos en agosto. El aumento de las temperaturas, la facilidad para encontrar aparcamiento debajo del portal, el ruido a las ocho y veinte de la mañana de las obras del vecino y la breve espera para sentarse en cualquiera terraza normalmente repleta de gente nos dan buena muestra de ello. El consumo de helados se ha disparado y el calor hace que las calles huelan a alquitrán. Mientras muchos se van a la playa o a la montaña para desconectar, los que han suspendido la prueba del bikini y se han quedado en casa, parecen obligados a ver los programas de una televisión del pasado, que transmite películas sacadas del “cajón de los recuerdos”, series de nuestra adolescencia o partidos de fútbol contra equipos con nombre impronunciable o de localidades exóticas. No cabe duda, Agosto es sinónimo de vacaciones, de descanso y de alejamiento de los problemas cotidianos. Los periódicos se adecuan y las portadas intentan ser más “light”, un toque más de diversión, a la búsqueda de noticias curiosas y “veraniegas”. La gente intenta cumplir su cuota de un libro al año y se lleva uno de los best-seller del momento o el libro que le ha regalado el yerno la navidad pasada.

Durante este mes, al par de los españoles, los italianos intensifican sus esfuerzos para dedicarse a su deporte favorito: la caza de famosos, alimentando el malsano interés y la morbosa curiosidad de saber donde se van de vacaciones los célebres. No es que durante el año haya desinterés: sin embargo, bajo la sombrilla uno prefiere apartarse de los problemas políticos, de la crisis económica refugiándose en la lectura de noticias a “medida” para el verano.

Mientras, en las ciudades, los italianos verán el ejército pasear por sus viales, en los litorales los kioscos doblarán sus ventas de revista de corazón. Así en Italia, dejaremos de estar al corriente si Berlusconi ha mantenido su promesa de limpiar las calles napolitanas de la basura, prefiriendo saber si este año también paseará por Porto Cervo con un extravagante pañuelo en la cabeza o si ya tiene preparadas nuevas canciones en napolitano. Tendremos que esperar hasta septiembre para saber más sobre la crisis de Alitalia y el número final de despidos: “tira” más el nuevo bañador de un Ministro o el cambio de look de la joven y hermosa Ministra ex concursante de Miss Italia, que ahora parece mayor de 20 años; vende más una portada de las vacaciones locas en Capri del heredero de Agnelli, joven inquieto que en 2005 fue ingresado en hospital después de una sobredosis en casa de un transexual. Hasta un oso que queda con la cabeza atrapada en un bote resulta más interesante que el estancamiento de la economía italiana, su incapacidad de crecer o reaccionar a la crisis mundial. El problema migratorio, la alta tasa de desempleo y la ausencia de diálogo entre mayoría y oposición pueden esperar ya que el mercado establece la prioridad y los periódicos se limitan a satisfacer los gustos de la gente: ya, de gustibus non disputandum est. Y por cierto, ¡ánimo con el sudoku!

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