AL AIRE LIBRE

SIN NOVEDAD EN EL CONGRESO

Luis María ANSON | Miércoles 22 de mayo de 2019
Algunos analistas, habitualmente ecuánimes, se han rasgado las vestiduras por lo sucedido ayer...

Algunos analistas, habitualmente ecuánimes, se han rasgado las vestiduras por lo sucedido ayer en el Congreso de los Diputados. Pero nada nuevo bajo el sol. El Parlamento español tanto en el siglo XIX como en el XX ha encerrado entre sus paredes muchas situaciones de tensión extrema. Lo ocurrido con la aparición de los diputados que están presos, procesados por gravísimos delitos, presuntos delitos, claro, así como las pintorescas formas de votar que tuvieron para ofender a España, ha sido superado en otras ocasiones. Basta leer la historia del parlamentarismo español para encontrarse con amenazas de muerte, insultos cardinales, acusaciones soeces, agrias insidias, jaleos con abucheos y pateos que impedían escuchar y tantas y tantas circunstancias extremas, que tampoco han sido ajenas, por cierto, a los Parlamentos democráticos de Italia o Francia.

Pedro Sáinz Rodríguez contaba cómo no le dejaban hablar en el Congreso de la II República. Cuando tomaba la palabra el griterío se ensordecía: “Asambleísta, asambleísta”, le gritaban porque había formado parte de la Asamblea en tiempos de Primo de Rivera. El gran político, prestigioso catedrático, académico de la Real Academia Española, también de la Historia, 40 años exiliado durante la dictadura de Franco, respondía a grito pelado desde la tribuna de oradores: “Cabrones, cabrones…” Y luego eso sí se tomaba un café con algunos de los que públicamente le denigraban. Que lo cortés no quita lo valiente, que lo cortés no quita lo cavanillas, afirmaba Sainz Rodríguez en recuerdo del que fue brillante corresponsal del ABC verdadero en Roma.

El actual Congreso de los Diputados promete reverdecer las “viejas glorias” del insulto exacerbado, el sectarismo cerril, el atropello permanente y la manifiesta irresponsabilidad. La ciudadanía va a tener muchas ocasiones de divertirse y de acentuar el desprecio que siente por la clase política y sus romos partidos mediocres y podridos.