No hay tiempo que perder. Ese es el planteamiento del Movistar Team para reconquistar la batalla por la maglia rosa con su jefe de filas. Al menos, eso es lo que ha parecido en el desarrollo de la duodécima etapa del Giro de Italia, que se ha celebrado entre Cuneo y Pinerolo. La organización ha tenido a bien colocar en el primer obstéculo montañoso notable en esos 156 kilómetros de la senda. Y la oportunidad no ha pasado de largo para algunos de loes escaladores que se han dejado una minutada en estas semanas.
Se trataba de puerto de Montoso, una elevación de categoría especial que estaba colocada a 32 kilómetros de meta. Sus 1.248 metros de altitud, su longitud de 9 kilómetros y la pendiente media del 9% -con tramos de hasta un 20% de desnivel- suponían toda una invitiación para esos aspirantes desterrados por la contrarreloj. Esta era la fecha marcada para convulionar la carrera y provocar el comienzo de las debilidades que han de expadirse en Primoz Roglic si quieren llegar a lo alto del podio italiano.
Y el esloveno pagaría, a las primeras de cambio, su falta de gregarios potentes que le sostengan en días erosivos como el de esta etapa. La ausencia de trabajadores que le protejan en las subidas empujó al favorito para llevarse el Giro a un esfuerzo en el que amanecieron sus costuras. Y es que de la cima del Montoso se desplegaba, de inmediato, una larga bajada que desembocaba en la meta, situada en la localidad de Pinerolo.
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El relato de la jornada narra que, en la intrahistoria, Roglic estaba a 1:50 de hacerle con la maglia rosa que poseía Valerio Conti (Emirates); que los perseguidores más cercanos al esloveno, Vincenzo Nibali y Simon Yates, iban a poner a trabajar a sus equipos respectivos -Bahrain Merida y Michelton- para desafiar la comodidad con la que el líder del Jumbo Visma había pastoreado esta carrera desd el prólogo y hasta la cronoescalada.
Pues bien, el perfil del recorrido también ofreció a los cazadores de etapas de buscar la fuga adecuada. Todos esos intereses estaban sobre la mesa. Y 25 corredores abrirían fuego al distanciarse del pelotón y configurar una escapada potente y que contó con el permiso de Roglic y compañía. De hecho, en la fuga el más peligroso en este sentido era Jan Polanc, vigésimo tercero en la general, a 5:24 del líder. Pero, es que esos aventureros llegaron a gozar de 15 minutos de colchón.
El pelotón parecía estar aguardando a la ascensión de categoría especial para mover sus piezas. Desentendiéndose de todo lo demás, por lo que la victoria quedó reservada para los fugados desde temprano. Y cuando faltaban 70 kilómetros para la meta tomarían el mando el Movistar de Mikel Landa y el Jumbo Visma de Roglic. Empezaba la labor de tensión y aproximación a la subida, al tiempo que el estadounidense Sean Bennett y el austríaco Marco Haller saltaron en la escapada a 59 kilómetros de la conclusión.
Quería esta dupla abrir hueco antes de llegar a los pies del puerto y se labraron unabrecha de medio minutos con respecto a la gran escapada, y de 12:30 minutos sobre el pelotón. Pero cuando las rampas sobrevinieron serían superados por Damiano Caruso, compañero de equipo de Nibali. El ritmo impuesto por el italiano fue demasiado para la gran mayoría de los escapados. Sólo le aguantaron hasta la cima Gianluca Brambilla, Eros Capecchi y el irlandés Eddie Dunbar. Eso sí, enlazarían en el descenso Polanc y Montagutti.
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Por detrás, fue el Astana el que provocó las hostilidades. Lanzó al checo Jan Hirt para preparar el movimiento que cumlinaría el colombiano Miguel Ángel López a 7 kilómetros de la cima. Tenía el bloque kazajo a Dario Cataldo y Manuele Boaro metidos en la fuga, con lo que 'Superman' López actuó como marcaba la ofensiva hoja de ruta de su equipo. Y se le pegaría el astuto Mikel Landa. El vasco y el cafetero, dos escaladores de raza con 5 minutos de desventaja sobre Roglic en la clasificación general, tirarían con todo. Y sus compañeros respectivos, Boaro y Jasha Sütterlin, serían descolgados de la fuga para relanzar el esfuerzo de estos ambiciosos y valientes gallos.
No tendrían el gas suficiente para derribar a un Roglic que lució galones gestionando su fuelle. Incluso se puso a rueda del grupo perseguidor en el que Nibali y Yates mantenían la distancia en 29 segundos. Y esa sería la cantidad de tiempo que pudieron recortar Landa y López con respecto al esloveno y al siciliano. Como aperitivo de lo venidero. La luz y la alegría han vuelto a la mirada de Landa cuando las rampas duras han sobrevenido en este Giro.
Finalmente, la victoria se jugaría en los 2,5 kilómetros postreros. Allí, un repecho de 400 metros provocó el ataque de Brambilla y Capecchi. Sin embargo, Dunbar les atrapó en un gran esfuerzo y se instaló la sospecha mutua en el terceto. Esa bajada de revoluciones permitió llegar a un Benedetti que no aflojaría. Les cazó en el último kilómetro y alzó los brazos, en lo que supuso su primera victoria como profesional. A los 31 años. Y Valerio Conti se quedó sin maglia rosa. Ese maillot fue a parara a Jan Polanc, de 27 años. El fugado lleva una ventaja en la general de 4:07 minutos de ventaja sobre Primoz Roglic. En definitiva, el estreno espectacular de la montaña deja las espadas en alto. Con todo lo que queda por recorrer.