Argentina
Lunes 04 de agosto de 2008
Fernández, que “toreó” con habilidad las preguntas más espinosas, declaró que también volvería a impulsar la polémica “resolución 125”, que previendo un incremento de los impuestos a la exportación del sector agrícola, provocó cuatro meses de conflicto entre el campo y el gobierno. La conclusión de la mayor crisis política del país en cinco años manifestó la fractura interna del oficialismo y propició cambios dentro de la estructura gubernamental. La crisis del campo, cuya primera víctima política fue el joven ministro de Economía, Martín Lousteau, provocó también el relevo del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, considerado el "hombre fuerte" del Ejecutivo, así como del secretario de Agricultura, Javier de Urquiza. La Presidenta anticipó que no se realizarán más cambios en su Gobierno.
La rueda de prensa fue el primer encuentro de este tipo con los medios de comunicación en casi una década. La decisión de convocar una rueda de prensa constituye un giro en su política de comunicación y un evidente intento de remontar el derrumbe de su popularidad: el “matrimonio presidencial” se ha mostrado siempre bastante receloso y desconfiado respecto a la prensa, tanto que en una ocasión el mismo Kirchner declaró que entre los periodistas le gustaban exclusivamente los fotógrafos “porque no hacen preguntas”. Sin embargo, la derrota legislativa y la disminución de los consensos por el prolongado conflicto agrario obligan a la Presidenta a “pasar el rubicón” y buscar una mejor relación con la prensa. De hecho, la rueda de prensa se puede interpretar como un modo de acercarse al electorado, descontento y desencantado con su gestión política.
Sin embargo, la derrota política podría convertirse en una gran oportunidad para la Presidenta de Argentina: mientras en el mundo escasean los alimentos, Argentina es candidata a ser uno de los mayores productores. Así, mientras el mundo debate sobre cómo enfrentarse a la crisis financiera y alimenticia, Argentina podría beneficiarse de los altos precios de las materias primas para sacar provecho y enriquecerse. Finalizada la parálisis política (y económica), Cristina Fernández deberá aprovechar la nueva coyuntura para impulsar la economía nacional, adoptando medidas que contrarresten la inflación. Considerando la actual situación, parece que durante el anterior gobierno de Kirchner, la economía creció a un gran ritmo, creando una rica caja fiscal gracias al encarecimiento mundial de las materias primas. Sin embargo, al crecimiento le ha acompañado la acumulación de varios problemas sin resolver: al mismo tiempo que la economía crecía (y crece), la inflación, la desigualdad y la pobreza siguen en el escenario nacional.
Por eso deberá proceder a realizar nuevos cambios, pero no de cartera sino de estrategia, teniendo en cuenta la fragilidad institucional del país. En primer lugar habrá que dejar claro el papel de Kirchner: el ex Presidente representa una alargada sombra y muchos analistas hablan de una estrategia suya para volver a la Presidencia. Según esos analistas, terminado su mandato, Kirchner no buscó su reelección, sino la de su esposa como parte de una “estrategia de poder” para luego postularse nuevamente en 2011. Por eso no se sabe si permanecerá en segundo plano o volverá a buscar protagonismo activo como hizo en el conflicto del campo, donde se decía que actuaba como “poder detrás del poder”. Al mismo tiempo, Fernández deberá tener en cuenta el debilitamiento del frente peronista, que se hizo aún más evidente tras la renuncia de un hombre clave del kirchnerismo como Alberto Fernández. La derrota parlamentaria y la imagen de un gobierno fragmentado obligan a la actual Presidenta a reflexionar sobre su mandato: la mandataria no puede cometer el error de pasar por alto las enseñazas de esta crisis. Al contrario, la Presidenta cuenta con la oportunidad de replantear políticamente su gestión y garantizar mayor gobernabilidad en el país, antes de que sea demasiado tarde.
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