En un país en el que "el deporte nacional" es el tiro al plato, Mercader ha admitido en una entrevista que él no tiene ninguna vocación de "plato", por eso, y pese a que es una institución en el mundo del rock desde 1976 cuando logró ser el primero en traer a los 'Rolling' a España, es un solitario que cultiva a conciencia su anonimato desde su reclusión en medio del campo.
Desde allí, y rodeado de mujeres que le ayudan a sobrellevar las cargas de los animales, las plantas y las suyas propias, controla la parte artística del emporio que montó hace 35 años, y que desde hace dos, es propiedad de la norteamericana 'Live Nation', organizadora de 33.000 directos al año en todo el mundo.
Dos décadas después de la primera vez que Jackson actuó en España, en Marbella; el 7 de agosto lo hizo en Madrid, y el 9 en Barcelona, Mercarder recuerda aquellas citas en las que el cantante arrasó con 'Bad Tour'.
"Los dos bailarines que más me han fascinado siempre han sido Fred Astaire y Michael Jackson, que es, simplemente, deslumbrante. Luego se le va la pelota, pero es normal. Si le lanzas toda esa fama en plena juventud, y además le quitas la infancia, no es muy raro que la presión le desborde", defiende con elegancia.
Mercader, un visionario que trajo lo mejor del panorama internacionalEn el 1979 ayudó a Lou Reed a huir del Moscardó en medio de una tangana; en el 80, "cuando ya Paquito -Francisco Franco- estaba frío, frío", se tuvo que resignar a que las fuerzas vivas prohibieran el concierto de Bob Marley en Madrid por "subversivo"; y en el 1981, vio liarse a tortazos a los Clash en un camerino de San Sebastián.
Cuando Mercader empezó, por no haber, no había ni escenarios, y lo poco que se hacía era en Madrid o Barcelona. Ahora, Bob Dylan toca en Mérida, y Sting en Barbastro, y se programan un centenar de grandes conciertos en toda España aunque algo sigue igual: si vienen es porque los trae él.
"Hay un exceso de oferta y eso no es absorbible. Las noticias que hay en el sector sobre pérdidas y falta de público son alarmantes. Aquí pasa como con los pisos: es una época de clara recesión y no se pueden montar diez festivales. Es un suicidio, una locura que afecta a toda Europa, no solo a España. Vamos a ver muchas lágrimas", vaticina.
Tantos años en "la pomada" y 59 años de vida le han permitido ver de todo en el negocio de la música, que a él le parece que se ha vuelto muy codicioso, y donde el regateo es la forma de cerrar los tratos: "Ríete tú de cualquier etnia, de 250.000 puedes llegar a bajar a 5.000".
Los únicos conciertos que se traga 'de pe a pa' son los de los 'Rolling', y en los pocos que le arrancan de su casa hace algo que le pone la piel de gallina: vivir alguna canción en medio del público para disfrutar el "subidón" que produce el delirio musical.
Le "repatean" los prejuicios que hay en la prensa sobre el mundo del rock: "Si eres Rostropovich o Segovia puedes tocar hasta los 100 años, pero los 'Stones' no, porque son viejos". Y lo dice alguien que ha tenido que escuchar ya varias veces en las últimas décadas que Jagger y compañía estaban acabados.
Su toque personal en el Rock in RíoDice que él no ha sido la mano que ha mecido la cuna del exitoso Rock in Río sino Roberto Medina, con el que se deshace en elogios, y que "sólo" se ha ocupado de la parte artística.
"De ese proyecto me parece brillante la preocupación de Medina porque el público estuviera a gusto. Eso es tan raro en este mundo...", subraya Mercader, que estará de nuevo en 2010 poniendo en marcha con él esa maquinaria, aunque no sabe aún a quien traerán, porque, se ríe, "quién sabe qué pescado habrá en el mercado", dice.