Opinión

México, el extraño mundo

LETRAS DESDE MÉXICO

Rafael Cardona | Viernes 07 de junio de 2019

Los mexicanos, ya lo sabemos, somos seres muy extraños. Los científicos empeñados en desentrañar nuestro perfil genético, se dieron contra la pared: no hay par en el planeta.

Resultamos de embrollos y trenzas genéticas tan extrañas y contradictorias como para no parecer de este planeta. O a lo mejor quienes no son de este planeta, resultan los extranjeros, entre los cuales –por cierto--, no están los españoles, pues buena parte de nuestra incomprensible composición, se les debe a ellos en un porcentaje, muy elevado.

Pero en una abierta paradoja, el gobierno más moderno –pleno siglo XXI--, en el cual se han acusado más esas características confusas, es el presente. Y uno de los campos de mayor distorsión, es el de las relaciones exteriores.

La insólita actitud de enviarle una carta al Rey de España y decirle cómo debe pedirles perdón a los “pueblos originarios” (mejor sería decir a sus mixturados descendientes, en todo caso), por los excesos de la conquista, resulta un exceso del absurdo. Pero ese es nada más un ejemplo.

Donde más se agudizan los problemas, es –obviamente--, en la relación con los Estados Unidos. Sólo pongo algunos fragmentos de dos cartas del Señor Presidente a Donald Trump, a ver si alguien entiende algo.

En julio del año pasado, le escribió:

“…En cuanto a lo político, me anima el hecho de que ambos sabemos cumplir lo que decimos y hemos enfrentado la adversidad con éxito.

" Conseguimos poner a nuestros votantes y ciudadanos al centro y desplazar al establishment o régimen predominante. Todo está dispuesto para iniciar una nueva etapa en la relación de nuestras sociedades, sobre la base de la cooperación y la prosperidad. Hagámoslo….

“…Habrá muchos cambios, señor presidente Trump. Y en este nuevo ambiente de progreso con bienestar, estoy seguro que podremos llegar a acuerdos para enfrentar juntos tanto el fenómeno migratorio como el problema de la inseguridad fronteriza, sobre la base de la cooperación para el desarrollo y bajo la premisa de que la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia”.

Pero cuando Doña Realidad asomó su horrible rostro y Trump sumió a ambos países en su más seria crisis de los últimos años, con el anuncio de aranceles progresivos a los productos mexicanos si éste país non frena la migración del sur cuyo final destino es el norte americano, las cartas ya no es escribieron en pliegos perfumados, como los románticos de antaño:

“…“…Con todo respeto, aunque tiene el derecho soberano de expresarlo, el lema "Estados Unidos primero" es una falacia porque hasta el fin de los tiempos, incluso, por encima de las fronteras nacionales, prevalecerán la justicia y la fraternidad universales…

“…De manera específica, ciudadano Presidente, le propongo profundizar en el diálogo, buscar alternativas de fondo al problema migratorio y, por favor, recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato sino que actúo por principios: creo en la política que, en entre otras cosas, se inventó para evitar la confrontación y la guerra…”

Y si eso fuera poco, ahora se anuncia una enorme concentración de mexicanos furiosos, vociferando en la frontera de California para presionar al Imperio y hacerlo cejar en sus empeños de gravar nuestras mercancías y lesionar nuestra economía.

“…“Vamos a llevar a cabo y estoy convocando al pueblo de México, a todos los sectores, de clases sociales, de culturas, para un acto de unidad (8 de junio, 48 horas antes del inicio de los aranceles del 5%), de defensa de la dignidad de México y en favor de la amistad con el pueblo de Estados Unidos”.

Muy extraña ha sido siempre la actitud de los mexicanos en relación con los extranjeros. Una especie de odio amoroso, de imitación y rechazo hacia los Estados Unidos y un incomprensible rencor hacia España, en el cual se mezclan los afectos y las fobias.

Pero así somos, y no hay manera de ser distintos. Como dijo el gallego, y si no os parece, ¡jodeos!