Opinión

Cooperación

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 12 de junio de 2019

Salió contento don Pablo de su reunión con don Pedro: “Tengo la sensación de que Pedro no me miente y que quiere un gobierno con nosotros” Según Pablo Iglesias, ambos han acordado comenzar a trabajar para llevar a cabo "un gobierno de cooperación". "Para nosotros el nombre es lo de menos. Un gobierno conjunto es un gobierno conjunto", ha explicado añadiendo que podría llamarse "de cooperación, de coalición o cogobierno". Pues sí señor, lo importante de todo esto es que las partes contratantes de la primera parte sean igual a las partes cooperantes de vaya usted a saber qué borrica no le habrá vendido a don Pablo el astuto de don Pedro.

Existe una teoría sobre la cooperación desarrollada por Robert Axelrod: “La preocupación por los demás no resuelve por completo el problema de cuando cooperar y cuando no hacerlo. El problema fundamental se presenta cuando la búsqueda del interés individual produce resultados negativos para todos”. A mí esto me parece como una palmadita política a modo de: “No te preocupes Pablo, que yo ya, yo” que viene a ser lo mismo que crear un Ministerio de Cooperación con sede en Sierra Leona para uso exclusivo de la formación morada.

En este momento el devenir de la política en España es lo más parecido a ese juego en el que muchos jugadores crean sus propias reglas caseras. Se comienza por el reparto de escaños tratando de que a unos les toque el peor sitio del hemiciclo, ya saben, asientos esquinados, columnas de por medio o gallinero. Es lo que se conoce como cooperación para joder al contrario. Después vienen los pactos, que como ustedes saben a día de hoy existen muchas maneras de cocinar las diferentes clases de votos (muy importante que éstos sean de temporada). Una vez rehogados en la olla se añaden los demás ingredientes, que bien pueden ser pactos a la ligera, a la vasca, o a la catalana. La finalidad de este juego no es otra que guisarlo y comerlo entre ellos para así fomentar el espíritu de cooperación. Por supuesto que todo esto lo pagamos ustedes y yo, que para eso somos los verdaderos dueños de nuestros impuestos.

Sabido es que el auténtico cooperante es aquél que lleva a cabo su trabajo en lugares y condiciones de notable dureza (condiciones sanitarias deficientes, enfermedades endémicas, conflictos bélicos abiertos, etc.), que pueden suponer situaciones de riesgo para su salud y para su integridad física. Quiero pensar que don Pablo habrá tenido esto muy en cuenta, lo digo por si acaso a don Pedro se le ha olvidado leerle la letra pequeña.

A mí esto del gobierno de cooperación me suena a fracaso. Me remito a la experiencia de tantos años como venimos padeciéndolo en España quienes somos propietarios de una vivienda habitual. Hasta ayer esto mismo se llamaba Comunidad de Propietarios, y que les voy a contar a ustedes que no sepan del fiasco que se genera a la hora de cooperar. Nadie lo asume con altura de miras. Para empezar siempre se fijan dos convocatorias con media hora de diferencia entre ellas y total para nada, porque los clásicos en asistir a las reuniones acudimos a la primera y los que nunca frecuentan no lo hacen ni a la segunda. A partir de ahí los desacuerdos son una constante, de manera que en el punto “Ruegos y preguntas” es donde uno se da cuenta del escaso interés que tenemos en este país por la cooperación.

Me consta que don Pablo está contento porque nos suele pasar a casi todos cuando entramos al despacho del jefe para saber que se sabe de lo mío: “No se preocupe Ramírez, lo suyo ya está en marcha” Ese día llegas a casa y se lo cuentas a doña Irene, que también es casualidad que coincida con el nombre de la señora del señor Ramírez. –Cariño, que me ha dicho mi jefe que coopere, que lo mío ya está en marcha y qué ahora van a crear un gobierno de cooperación”- Y la señora de Ramírez acogiéndose a su derecho de réplica le dice: -“Ramírez, déjalo estar que va a ser que no”. Hay que ver qué cosas tiene este don Pedro.