Opinión

La desaparación de un kiosco

TRIBUNA

José Manuel Cuenca Toribio | Sábado 15 de junio de 2019

Situado en pleno centro de la hechizadora ciudad en la que habita el anciano cronista, la desaparición del bien abastado kiosco que satisfacía su acezante curiosidad periodística lo ha sumido en honda tristeza. Una prueba más de la irrefrenable caída de la galaxia Gutenberg y, con ella, de la civilización occidental a un siglo exacto de lo que predijera el atribulado germano Oswald Spengler. La cultura hemerográfica constituyó en su ámbito durante dos largas centurias una de sus más preciadas y firmes columnas.

El poder político así como el social y el económico se sustentaron en ellas, al tiempo que, de forma directa o indirecta, contribuían a su fortaleza y ascendiente. Todo ello está hodierno en inevitable trance de extinción ante el arrollador avance de los nuevos modos de comunicación emplazados a un porvenir deslumbrante en el trascurso de muy pocas generaciones.

Mas, sin adentrarnos por los caminos intrincados del pensamiento y la cultura contemporáneos y a la escala bien modesta de las presentes líneas, no resulta sin duda temerario estimar que la muerte del kiosco referido descubre con patencia el ocaso ineludible de la prensa escrita en el mundo triunfante y hegemónico a lo largo de los últimos quinientos años de historia. A lo mejor quién sabe si la muerte de nuestro kiosco se debiera a la mala gestión empresarial de su atento, simpático y muy vivaz dueño o a cualquier otro lance de la esquiva fortuna. Pero en cualesquiera de tales coyunturas no puede ocultarse que su desaparición se encuadra plenamente en el contexto de un clima social en el que el antaño extenso firmamento de la galaxia Gutenberg se apaga a ojos vista con imparable celeridad. No es tiempo ni ocasión de entonar un melancólico réquiem por usos y costumbres de una civilización que está siendo sustituida –y a ritmo apresurado…- por las vanguardias de otra aún flamante pero que entrañará, a buen seguro, mayores cotas de progreso en no pocas dimensiones de la actividad humana. Ni la inteligencia, ni la voluntad ni la creatividad humanas corren peligro alguno de enflaquecimiento o extinción en los decenios ni tampoco en los siglos próximos por numerosos y formidables que sean los envites que hayan de afrontar. En diversa medida y con diferente grafismo, la Historia nos ofrece en su inacabable repertorio varios ejemplos de semejantes desafíos. Y en todos las mujeres y los hombres salieron airosos de la prueba.

Sin embargo, ciudadano de una colectividad con un calendario quizá más holgado de pérdidas y tránsitos que de ganancias éticas y enjundiosas novedades doctrinales, el articulista quisiera mostrar su sincera gratitud al afectuoso kiosquero provinciano que contribuyó por espacio de varias generaciones a hacer más responsables y cultos a muchos de los vecinos más sensibles y autoexigentes de su hermosa ciudad.