Sociedad

"Echo de menos una red social que priorice el pensamiento crítico y no el postureo"

El neurocientífico Henning Beck. (Foto: Ariel).

ENTREVISTA

Eduardo Villamil | Domingo 23 de junio de 2019
El neurocientífico alemán presenta Errar es útil, un elogio a las imperfecciones del cerebro humano como base para su aprendizaje.

El cerebro humano es, para muchos, la máquina biológica más perfecta jamás construida; la cúspide de la evolución. Gracias a sus 86.000 millones de neuronas, que trabajan juntas dando lugar a entre 100 y 500 billones de conexiones sinápticas, este órgano es capaz, no solo de controlar nuestro cuerpo, sino también de que tengamos recuerdos, sentimientos, emociones… en definitiva, de que seamos quienes somos.

Sin embargo, nuestra mente no es perfecta. Ni mucho menos. Olvida información constantemente, se distrae con facilidad, posee una limitada capacidad de cálculo... Los ordenadores de hoy en día nos ganan por goleada en lo que a memoria o procesamiento de información se refiere. Pero ¿hay algo más?

En su nuevo libro Errar es útil (Ariel), el neurocientífico alemán Henning Beck, explica por qué estas supuestas debilidades del cerebro son "su arma secreta". En opinión de Beck, son nuestros fallos y no nuestros aciertos los que hacen que aprendamos más, y, por ello, no debemos tener miedo al fracaso. Porque, como dice el alemán, "cuanto más nos equivoquemos, más flexibles, adaptables y creativos nos volveremos".

¿Es este un libro de autoayuda?

Es un libro para ayudar a la gente a entender mejor el cerebro. No es un libro de autoayuda clásico, pero creo que, si entendemos mejor la forma en qué pensamos, todo el mundo puede extraer cosas útiles para su vida cotidiana.

Aprendemos de nuestros errores, pero chocamos una y otra vez con la misma piedra. ¿Cómo explica esta contradicción?

Los errores son importantes porque aprendemos de ellos. Si tratas de no cometerlos todo el rato nunca llegarás a lugares en los que nadie ha estado antes, y, por tanto, no crearás nada nuevo. Solo las personas estúpidas cometen los mismos errores una y otra. A veces nos olvidamos de algún error que cometimos en el pasado y lo repetimos. Normalmente porque no ha sido nocivo o peligroso. Nuestro cerebro no es perfecto, a veces olvida cosas. En cualquier caso, si por lo general aprendemos de nuestros errores y lo hacemos mejor la próxima vez, todo irá bien. Nadie debería preocuparse nunca por volver a cometerlos, a menos que sean muy graves y los repitamos.

¿Cómo conseguimos que el error nos sirva para aprender y no se convierta en una piedra más en el camino?

Lo primero es perder el miedo a cometer errores. Cuando somos niños no tenemos miedo de hablar en público o de comenzar a andar. Cuando crecemos, sin embargo, nos enseñan que los errores son malos, y, a veces nos escudamos en el miedo para no intentar nada nuevo. Este es el peor error que jamás puedes cometer. Hay que seguir intentándolo, a veces fallaremos, pero siempre que nos levantemos una vez más de la que nos caigamos, no habrá problema. Es con ese espíritu como se cambia el mundo. Sin él seríamos como las máquinas, es decir, nada creativos.

Muchos colegios y universidades nos exigen memorización, pero no comprensión. ¿Ve necesario un cambio de paradigma educativo? En caso afirmativo, ¿qué cambiaría?

Algunas áreas educativas están diseñadas para que pensemos como máquinas; para que memoricemos información y la utilicemos en un examen. Pero eso no significa que la hayamos entendido. ¿Cómo logramos que los estudiantes comprendan mejor? Haciendo preguntas, dejando que descubran problemas por sí mismos y no dando las respuestas tan rápido. Vivimos en una época en la que las soluciones están en nuestras manos, podemos googlear lo que sea utilizando nuestro smartphone… Pero lo que llega rápido se olvida rápido. Buena enseñanza no significa dar información rápido, sino despertar la curiosidad y el interés en la gente, dejarles que descubran cosas, que se den clases unos a otros, que formen equipos, trabajen en proyectos, hagan preguntas…

La multitarea y la memoria de trabajo están sustituyendo a la lectura profunda y la memoria a largo plazo. ¿Nos hace eso necesariamente más tontos?

Hay algunos estudios que sugieren eso. Cuanto más me centro en la multitarea peor la llevo a cabo, porque es difícil para mí saber a qué dar prioridad. Otros trabajos apuntan a que la gente cada vez está menos interesada en invertir mucho tiempo leyendo libros o artículos, o escuchando a otras personas, porque siempre están buscando el próximo chute informativo. Las personas inteligentes tratan de restringir el flujo de información y prefieren tomarse más tiempo para digerirla. Si echamos un vistazo a las biografías de muchos genios científicos, artísticos o empresariales (de cualquiera que haya descubierto algo nuevo); suelen tener algún hobby y no siempre están concentrados en su trabajo, porque el cerebro necesita tiempo libre.

Cada vez que no recordamos algo, lo consultamos en internet, en vez de bucear en nuestra mente. ¿Es esta la nueva ‘memoria colectiva’ del ser humano? ¿Cómo puede influir esto en nuestra capacidad memorística?

Creo que en el futuro será mucho más importante entender la información que memorizarla. En la escuela le pedimos a los estudiantes que memoricen conocimientos para el examen final, pero lo realmente importante es que la entiendan. Yo no recuerdo el número de teléfono de mi hermana, pero sé cuándo tengo que llamarla y en qué situaciones puede ayudarme. Los sistemas colectivos como Wikipedia o el propio Google son engañosos y peligrosos porque vuelven a la gente perezosa y hacen que no piense por sí misma. Por su puesto no son malos si los utilizamos de forma correcta, aplicándoles nuestras propias ideas.

¿Qué opina sobre los intentos de conectar nuestro cerebro a internet, de ‘digitalizarlo’? ¿Cree que lo conseguiremos algún día?

Jamás seremos capaces de conectar un cerebro a un ordenador para que éste lea lo que estamos pensando, ni tampoco de transferirle cualquier información para que, por ejemplo, aprenda la historia de Europa en un segundo. Esto no sucederá nunca.

¿Por qué está tan seguro?

Porque cada persona tiene su propio enfoque. No hay un código neuronal universal para una manzana. No puedes codificar eso en nuestro cerebro. Lo que sí podemos hacer son interfaces cerebro-ordenador para ayudar a personas con discapacidad -que, por ejemplo, no pueden moverse o hablar- a comunicarse con los demás.

Vivimos en una época global y consumista, en la que se apela permanentemente a nuestra impulsividad para que compremos tal producto o contratemos determinado servicio, ¿Cómo luchamos contra este bombardeo?

Recomendaría dos cosas. La primera es que utilicemos parte de nuestro tiempo diario para hacer actividades que nos desconecten, como tocar música, cocinar, hacer deporte, leer… Es en estos momentos cuando nuestra mente digiere la información que tiene para darle sentido, de la misma forma que nuestro estomago digiere el alimento para convertirlo en energía. En caso contrario, nos veremos superados por ella. Otra cosa que podemos hacer es preguntar a personas con opiniones diferentes. Las grandes ciudades innovan más que las pequeñas, no porque la gente sea más inteligente, sino porque hay más personas juntas y, por tanto, es más probable que alguien nos pueda dar feedback. Para tener nuevas perspectivas es fundamental que yo cambie la mía y me desafíe, me ataque a mí mismo antes de que alguien más lo haga. Facebook o Google solo nos muestran lo más “adecuado” para nosotros. No debemos caer en la trampa y comportarnos como máquinas.

¿Echa en falta una red social que priorice la reflexión sobre la inmediatez y el ‘postureo’?

Por supuesto. Las redes como YouTube, Instagram o Facebook funcionan promoviendo la vanidad, el ‘postureo’, la riqueza o la respuesta social. Sería muy interesante que hubiese una red social que apostase por el contenido, el pensamiento crítico, la diversidad… porque, si no, estaremos creando cámaras de eco, sin conversaciones cruzadas. Las mejores ideas que he tenido han llegado cuando estaba haciendo deporte, de vacaciones o en una ciudad diferente. Ahora estoy en Madrid, un ambiente totalmente distinto al de mi ciudad, y estoy bastante seguro de que cuando vuelva a Alemania tendré un montón de nuevas ideas. El intercambio de ideas es clave porque es lo que hace que las culturas y las sociedades tengan éxito.

En el libro habla de que, en vez de competir con la IA, porque nos vencerá, debemos recordar nuestros puntos fuertes ¿Cómo se vence a la IA?

No podemos. La IA es capaz de ganarnos en ajedrez, go, póker o monopoly. Lo que podemos hacer es inventar un nuevo ajedrez o poner nuevas reglas. Las máquinas son mejores analizando, jugando, pero no ganan al ajedrez o al póker porque sean creativas, sino porque lo juegan tantas veces que no cometen errores. Si juego contra un ser humano, es una muy buena estrategia porque los humanos, tarde o temprano, cometerán un error. Lo malo de esto es que resulta muy aburrido. Es como si jugase al fútbol y defendiese continuamente, sin atacar, esperando a que el otro equipo fallase en la tanda de penaltis. Podemos hacer algo más. Deberíamos concentrarnos en desafiarnos a nosotros mismos, interactuar con otras personas e intentar innovar, aun ignorando si nuestro proyecto saldrá adelante o no.

El cerebro del futuro será…

El cerebro del futuro será curioso, abierto e interesado en las sorpresas. Porque esto es lo que mueve nuestra mente. El pionero de la computación alemán, Konrad Zuse decía que “el peligro de que las máquinas se conviertan en seres humanos no es tan grande como el peligro de que los humanos se conviertan en máquinas”. No creo que ese sea nuestro futuro.

TEMAS RELACIONADOS: