Editorial

A Pedro Sánchez le gusta estar "en funciones"

EDITORIAL

Lunes 24 de junio de 2019

Seguramente, Pedro Sánchez se encuentre en su mejor momento; esto es, de vacaciones. Ha ganado las elecciones generales, todavía es presidente en funciones y conserva todos los privilegios del poder, pero ninguna responsabilidad. No tiene ni que aparecer por el Congreso, bloqueado hasta que se celebre la sesión de investidura. Y aprovecha el tiempo para abrazarse con el besucón de Juncker y tomar café con Macron, que imparte lecciones democráticas como si fuera el emperador de Europa. Pero en Bruselas, Sánchez se encuentra a gusto. Nadie le recrimina, por ejemplo, que pacte con los herederos de ETA, a los que ha regalado Navarra para que conviertan la Comunidad Foral en una provincia vasca más. Pero aunque todavía no se ha enterado, en Europa le abrazan para quitarle la cartera.

Pedro Sánchez no parece ser consciente de que el tiempo corre, que hace 20 días el Rey le encargó presentarse a la sesión de investidura y no ha movido un dedo. Se ha reunido, a regañadientes y con gesto cansino, con Pablo Casado y Albert Rivera para pedirles su apoyo a cambio de nada. O peor, a cambio de ejercer la Presidencia del Gobierno como suele: subir los impuestos, destruir el crecimiento económico, permitir a los dirigentes independentistas catalanes pisotear la Constitución cada día, hacerle arrumacos al terrorista Arnaldo Otegui y tantas otras fechorías políticas.

Con Pablo Iglesias, su socio más seguro (preferente se le llama ahora) mantiene una actitud entre chulesca y suicida. Tiene que ser consciente que solo si suma los 42 escaños de Podemos puede salir investido presidente del Gobierno. Ya cuenta con los 6 del PNV, el amor incondicional de los filoetarras y la abstención de ERC, que con la promesa de los indultos lo tiene hecho. Pero ha de mover ficha. Está obligado a cerrar acuerdos y poner fecha para la sesión de investidura. Porque aunque viva entre la pasarela de Bruselas y sus trasatlánticos vuelos en el Falcon, todavía no es presidente del Gobierno.

Probablemente, contar de antemano con el apoyo incondicional de Podemos supone el mayor error de Pedro Sánchez a la hora de hacer las cuentas. Pablo Iglesias no está para bromas y jura y perjura estar dispuesto a morir matando. Porque si, como parece, al final no forma parte del Consejo de Ministros, el líder de Podemos va a pedir el cielo.

No va a ocurrir. Pero la gran jugada de Pablo Casado y Albert Rivera sería apoyarle en la sesión de investidura y luego pasarle cuentas cuando quiera aprobar cualquier propuesta. Pedro Sánchez se quedaría a la intemperie, con Podemos en las trincheras y los separatistas y bilduetarras, con el cuchillo entre los dientes. Pero, en efecto, no ocurrirá. Pedro Sánchez tendrá que formar su Gobierno preferido, el que sabiamente bautizó Pérez Rubalcaba como el Frankenstein. Pero con acuerdos monstruosos o no, el presidente en funciones está obligado por ley a convocar la sesión de investidura en poco más de un mes. Debe recordar que tal sesión se celebra en la Carrera de San Jerónimo, no en Bruselas. Y que necesita 176 votos y solo tiene 123.