Opinión

La España ingobernable

Y DIGO YO

Javier Cámara | Miércoles 26 de junio de 2019

España me recuerda a Italia. Esa en la que, para simplificar, había tantos partidos con representación en el Parlamento italiano que era prácticamente imposible que se pusieran de acuerdo para formar Gobierno. Vale, he simplificado mucho, pero es que me interesa más nuestro país.

El caso es que aquí no está sentando demasiado bien eso que se ha dado en llamar "nueva política". La disgregación del voto a ambos lados de la Cámara ha abierto un abanico de posibilidades enormemente enriquecedor, pero al tiempo supone un contratiempo para el partido que ha ganado las elecciones verse obligado a pactar con tantos actores para formar Gobierno. Lo estamos viendo –y sufriendo– desde hace un tiempo ya.

Y digo yo: ¿Qué ha supuesto la irrupción de nuevos partidos en el arco parlamentario? ¿Están teniendo Podemos, Ciudadanos y Vox los resultados que esperaban? Indudablemente, que haya más partidos políticos tiene cosas muy buenas, ya que es más fácil “dar” con la formación que se ajusta a unos ideales concretos. Antes, tanto en el PP como en el PSOE, la amalgama de “corrientes” y “familias” era notable y las “peleas” entre ellas, también. Ahora, los de ultraizquierda del PSOE se pueden pasar a Podemos, como los de ultraderecha del PP pueden hacer lo propio con Vox. En el medio, es decir, en el centro, Ciudadanos.

Como un gran supermercado, hay más dónde elegir, aunque se ha demostrado que esto no siempre es lo mejor y en algunos países hacen segunda vuelta. Pero hay más opciones y, aunque siempre es positivo porque la necesidad de pactos y acuerdos es el mantra que se repite para llegar a la buena práctica política, puede suceder que no se llegue a ningún arreglo y entonces hay que volver a la casilla de salida.

Y en estas estamos. Nos encontramos con una España ingobernable porque los que ganan no llegan a la mayoría y los que pierden quieren hacer bueno su resultado por pequeño que sea. Pueden hacerlo porque la aritmética electoral es caprichosa y casi todos los partidos tienen algo que exigir según su representación obtenida. A derechas o izquierdas es lo mismo, todos quieren su parte de la tarta. Los desencuentros empiezan cuando vemos que hay algunos que no le dan su porción al primo pequeño y otros que quieren la tarta entera para ellos.

Aunque los problemas son para todas las formaciones, sí parece que los de la “nueva política” están teniendo más problemas para mantener su proyecto. Pasa que una cosa es decir desde la oposición cómo de bonita debería ser la vida y otra, desde luego muy distinta, gobernar y tener que tragarte sapos por todo lo que se dijo anteriormente y comprobar depaso que no es tan fácil gestionar lo público.

Y pasa también que hay "productos en las estanterías" que, llamándose de forma distinta, se parecen mucho y algunos que, dejando clara su posición ideológica, no se acaba de entender de qué pie cojean. Quizá suceda que en este país no cabe en la cabeza que haya un partido que no cojea.

En este último caso se encuentra Ciudadanos, que autodefiniéndose de centro, el personal no acaba de entender que eso significa tener postulados cercanos a la izquierda y otros próximos a la derecha. Tiene su público, pero no es muy numeroso en una España historicamente polarizada. Diría que a Cs le han llegado políticos, militantes y simpatizantes rebotados de otras formaciones, es decir, gente de izquierdas a la que le molestan los pactos con la derecha y hay otros de derechas que no soporta un acuerdo por la izquierda. Y esto, como vemos, está siendo un problema.

No es muy diferente a lo que le ha pasado a Podemos, que, un paso por delante con respecto a la formación naranja, llevan ya un tiempo comprobando en sus carnes esas bajas o dimisiones que generan unas crisis que pueden acabar y han acabado con disgregaciones del partido.

De la buena o mala gestión que se haga de esta nueva y diversa realidad política saldrán Gobiernos más eficientes o estables. La cosa es que de momento no parece que salga nada.