Excelente artículo de Xavier Vidal-Folch en el diario El País: “El inquilino de la Generalidad, Quim Torra, -escribe- muestra una hoja de resultados transparente: no se los ve, ni por el haz ni por el envés. En su primer año no ha hecho literalmente nada. En cuanto a gobernanza se refiere. Ni una ley, ni un decreto relevante, ni un programa, ni la recuperación de la mayoría (indepe), ni nada que favoreciese la continuidad del diálogo institucional, salvo romperlo”.
El presidente marioneta de la Generalidad, Joaquín Torra, carece de capacidad para la gestión. Le zarandea la obsesión secesionista. Todo está supeditado al soberanismo: presupuesto, leyes, gestiones, actividad política. Es una enfermedad. El presidente títere sigue las directrices de Carlos Puigdemont que vive a cuerpo de rey en Waterloo, tras dejar a algunos de sus compañeros de aventura en la prisión.
Según Vidal-Folch, “…el Govern no existe como el “gobierno efectivo” que se postulaba. Ni como nada más que un sindicato de intereses, una agencia de colocación de fieles, una gestoría para la apertura irregular de embajadas inútiles, un dispensador de subvenciones a los adictos, y un comité para la convocatoria de actos de agitación que mantengan la llama de la inexistente república”.
Para Joaquín Torra solo existe el procés. No se ocupa de otra cosa. Su partido se hunde mientras se engrandece ERC. La inactividad se paga. Joaquín Torra es un desastre, una catástrofe para Cataluña, una calamidad para el bien común de los catalanes.