Artemio Benavides | Martes 05 de agosto de 2008
Es el poeta mexicano Ramón López Velarde (1888-1921) de quien tomo estas líneas, trastocándolas infielmente, pues decía que su corazón que “se amerita en la sombra” asistiría “…con una sonrisa depravada a las ineptitudes de la inepta cultura…” y, permítaseme así, asomarme a la inepta política que a nuestro país agobia.
Si bien el huracán ‘Dolly’recorrió nuestra frontera de Matamoros a Ciudad Juárez, no causó mayores daños. En cambio, nuestra política permanece como amenaza a nuestro futuro inmediato, empezando justamente en lo que López Velarde nos había señalado, cuando cantando a aquella su ‘Suave Patria’ de los años ‘veinte’, dijo que “El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros de petróleo el diablo”. Bueno, en lo segundo acertó, no tal vez en lo primero.
Mientras que el presidente Calderón avanza tímida, cautelosamente sus reformas a la industria petrolera, un abanderado del partido dizque ‘revolucionario’ aunque democrático (otro López, casualmente, pero López Obrador), se opone más visceral que racionalmente. Porque tal es su estilo: consultar a sus bases, no a los expertos en la cuestión energética que, sin embargo, fueron escuchados en largas sesiones del poder legislativo. Pero este embrollado partido que no ha sabido salir airoso ni de sus elecciones internas, insiste en consultas públicas que, por lo que se ve y se adivina, se reducen a la capital federal, presidida por un ambicioso miembro del partido de la ‘Revolución Democrática’, que no reconoce sus instituciones republicanas.
Por supuesto que el resto del país no sale de su asombro, porque sin duda se consulta al centro, a los del ‘México profundo’, para quienes al parecer el resto del país resulta marginal (los franceses, prudentemente, distinguen entre ‘México’ –capital– y Mexique-país). Pronto tendremos elecciones de diputados y senadores y varios Estados eligirán su respectivo gobernador. Y, como ustedes saben, el período de elecciones no es el mejor momento para renovar la fe en la naturaleza humana. Y entonces, tal vez, el resto de los mexicanos expresaremos nuestro sentir sobre el desempeño del ejecutivo en funciones y sus acciones.
El otro partido ‘revolucionario’ (pero ‘institucional’) se ha mantenido más cauteloso recogiendo los frutos de las demasías populistas del partido de López Obrador y los desfiguros montantes de los gobernadores del Partido Acción Nacional y de la novatez de su dirigencia nacional.
Y reconozcamos que la democracia es gobierno de partidos (partitocracia) y únicamente la proclividad autoritaria desdeña esta inevitable representación y recurre al plebiscito, a la consulta ciudadana, a las demostraciones callejeras, como es el caso de López Obrador y sus seguidores que, además, carecen de otra necesaria característica democrática: saber perder.
De manera tal, entonces, el resto de este calendario se antoja de pronóstico reservado, justamente por las ineptitudes de nuestra inepta política que parece no estar a la altura de una transición democrática, sino a duras penas experimenta una traslación democrática de partidos en el poder.
Para terminar: el poeta López Velarde nos recomendaba en aquel poema póstumo lo siguiente: “Patria te doy de tu dicha la clave: /sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;/ cincuenta veces es igual el Ave/ taladrada en el hilo del rosario,/ y es más feliz que tú, Patria Suave”. Sin duda, los mexicanos ya no escuchamos a aquel ‘corazón retrógrado’, pero no olvidamos sus poemas.