Vox tiene razón cuando exige un trato político de normalidad. Al partido de Santiago Abascal le han colgado el sambenito de extrema derecha, lo que no responde a la realidad política. Los cien puntos de su programa están cerca de la ideología de Ramiro de Maeztu. Sectores políticos muy hábiles han creado un maniqueo de Vox para golpearle sin cesar.
Dicho esto, Vox se equivoca en no apoyar al sector liberal conservador, al centro derecha, en todos aquellos lugares en los que puede gobernar. Hace bien en solicitar atención y fórmulas de obligada cortesía política; a rechazar que les traten como apestados políticos. Pero el buen sentido exige, en todo caso, que cuando se produzcan las votaciones no le hagan el juego a Pedro Sánchez. A lo largo de cuatro años de alcaldía o comunidad autónoma tendrán muchas ocasiones para hacerse valer, puesto que sin sus votos el centro derecha no podrá aprobar ni leyes ni decisiones.
Santiago Abascal está en la obligación ética de reflexionar. Si por personalismos estériles permanece en la intransigencia puede encontrarse con que el electorado le pase una gravosa factura. El centro derecha ha perdido las elecciones. Pero en aquellos municipios o comunidades en los que ha ganado es necesario que no se entorpezcan los acuerdos para sacar las investiduras adelante.