El Tour 2019 retomó el pulso de la montaña este sábado. Tras un maratón llano desarrollado el viernes, para la octava etapa del recorrido la organización desplegó casi 200 kilómetros con siete puertos puntuables salpicados y otro puñado más que no figuraban como reconocibles. Se trató de una senda rompe piernas, con subidas, bajadas y falsos llanos que acabarían por encumbrar a un hombre: Thomas De Gent. El belga ganó firmando una gesta espectacular.
A sus 32 años, este cazador de etapas y sensacional compañero de viaje en fuga, batió a un pelotón que aceleraría en el tramo final con toda la fiereza de la que dispusieron. La llegada podría propiciar que alguno de los gallos de la clasificación general afilara el colmillo y, por ellos, los grandes equipos se exprimirían para imponer un ritmo de caza disparatado. Tanto que dejaron en la estacada a todos los esprinters y se cobraron como víctima a un Vincenzo Nibali fuera de tono.
Pero no pudieron atrapar a De Gendt. El agónico esfuerzo de este corredor le valió una hazaña parecida a la que autografió en 2016, cuando ganó en solitario en el Mont Ventoux. Esta vez se vació y alzó los brazos, con más de cinco horas de pedaleo y habiendo sacado sólo seis segundos a las hambrientos primeros representantes del pelotón. Esos dos nombres aventajados fueron Julian Alaphilippe, que recuperó el maillot amarillo, y Thibaut Pinot, que reclama los focos como favorito a la victoria final. Ambos saltaron con astucia y metieron segundos al resto de candidatos.
El guerrillero belga se metió en la fuga del día y, después, desarrollaría con el italiano De Marchi un pulso épico al gran grupo que devendría en el cambio de ritmo de De Gendt a 17 kilómetros de meta, para comenzar una contrarreloj exitosa y casi sin fuelle. Aguantaría con gallardía, cosa que no pudo replicar Ciccone. El joven transalpino perdió el maillot amarillo en favor de un Alaphilippe que tenía marcado en rojo el ataque. Tuvo suerte el francés de gozar de la compañía de Pinot. Los dos sacaron 20 segundos en meta a los mejores.
Así las cosas, la general está comandada por el sensacional corredor francés. Que luce 23 segundos de ventaja sobre Ciccone, 53 sobre Pinot. Este último quedó con 19 segundos sobre Geraint Thomas, que sufriría una caída pero pudo reincorporarse al pelotón. Bernal se mantuvo a 23 segundos de Pinot, Fuglsang a 49, Enric Mas a 53, Quintana a 1.11 y Landa a 1.13. El que no está ya para nada es Nibali, que fue descolgado por el frenesí del gran grupo y no aspira ni a entrar en el podio de París.
El relato de la fecha comenzó en Mâcon, junto al paseo fluvial del Saona. Empezaba allí un desnivel acumulado de 3.750 metros que no abordaría el retirado Tejay Van Garderen. Y con rapidez se escaparían una montonera de aventureros liderada por Thomas de Gendt (Lotto Soudal), el italiano De Marchi (CCC), el holandés Tersptra (Direct Energie) y el estadounidense Ben King (Dimension Data). De Gent iría aclarando que quiere el maillot de la montaña, pues puntuaría en cabeza en todas las cotas del día.
Fue en la penúltima cuando su clase le permitió jugársela en mano a mano con De Marchi. Restaban 45 kilómetros de ejercicio hasta la meta, con los grandes equipos empeñados en tirar abajo la escapada y permitir a los jefes de filas buscar un triunfo de etapa. La brecha era de 3:20 minutos en ese punto y sólo quedaban un ascenso a la Cota de Jailliere (segunda categoría). El Astana haría una apuesta ambiciosa, tirando con todo. En cinco kilómetros recortaría más de un minuto.
Les echaría una mano el Education First y entre ambos escuadrones oscurecieron el horizonte de los fugados. Como se ha mencionado, De Gendt se lazaría en soledad a 14 kilómetros para el final. Aprovechó las rampas postreras para dejar atrás a De Marchi. Le tocaría apretar los dientes para eludir la potencia del Astana. Los kazajos trabajaron a bloque y en plena persecución Thomas se fue al suelo con algunos de sus compañeros en el Ineos, Una bici lució partida. Sin consecuencias ni de tiempo ni anatómicos.
Lo que no pudo el británico es salir tras la estela de la explosión de Alaphilippe, que atacó por la etapa y el liderato antes de esa última cima. Le acompañaría Pinot en un descenso a tumba abierta que generó dudas en el grupo de favoritos. Esa tesitura le valdría un festejo al aficionado francés, en la víspera de la fiesta nacional. Y De Gendt lograría una gesta inolvidable por el contexto. Otra para un palmarés más que respetable, que le ha visto ganar en las tres grandes -en Italia lo hizo en el Stelvio, tras saltar en el Mortirolo-. El espectáculo en la ronda gala no cesa.