Sociedad

La vida ante todo

(Foto: Efe).

CRÓNICA RELIGIOSA

Rafael Ortega | Domingo 14 de julio de 2019

Esta mañana he visto llorar a una madre. Una mujer que conozco hace unos años y que lucho por su hijo hasta que este murió tras una trágica y larga enfermedad sostenido por una máquina y el amor de su madre. La he visto llorar cuando hemos comentado el fallecimiento de Vicent Lambert el joven francés al que un “click” le ha hecho pasar de la vida a la muerte. Un “click” dictado por aquellos que seguro que no creen en el valor de la vida desde su concepción hasta su marcha natural.

El Papa hace unos días nos decía que “una sociedad es humana si protege la vida, toda la vida, desde el inicio hasta su fin natural, sin decidir quién es digno o no de vivir”. FRANCISCO también nos había dicho que “la eutanasia, el suicidio asistido son una derrota para todos”. El Papa nos hablaba así tras conocerse, hace unos días, el caso de la joven holandesa que se había dejado morir con ayuda de su familia y el amparo de la leyes de los Países Bajos.

Tenemos que ser conscientes del daño que esto significa para toda una sociedad que ha hecho del hedonismo su eje central. Nos llegan también noticias de las iniciativas en España para recoger un millón de firmas para que el Parlamento apruebe la Ley de la Eutanasia. Tristes novedades que no hacen más que querer buscar caminos equivocados con el respaldo de falsas soluciones económicas ante-dicen- “el envejecimiento de nuestra sociedad”.

Cuando se es joven se vive con una perspectiva de vida muy larga y muchos son propensos a pensar que la llamada “muerte digan” es la solución. Pero no se dan cuenta que esa “muerte digna” es lo más “indigno” que podemos hacer. Un “click” que apague el aparato que mantiene con vida a muchos no solo es un gesto mecánico. Es a nuestro entender un homicidio. ¡Maldito “click”! me decía la madre, esta mañana.