Opinión

Hola, Patti

FRACASA MEJOR

Miguel Ángel Gómez | Lunes 15 de julio de 2019

Patti Smith saca de su mochila algodón ardiente, una chisporroteante escultura anhelando ser escamoteada, una chincheta Duchamp, un renacuajo, un grial, claro y visible, gladiolos en plena floración. Llévame en tu coche deportivo, Patti, enséñame las nuevas formas que corresponden a una nueva era. Es tan divertido sentarse a tu lado y no cometer disparates escritos a sangre fría. Deberían probarlo alguna vez las Rocas Claras cuyo espíritu no se libera. Esta gran Patti Smith (Chicago, 1946), la poeta caótica y brillante que toma píldoras purgantes de literatura, vuelve con la publicación de Augurios de inocencia (Lumen). Conocí su obra a partir de Éramos unos niños, en 2010, una fuente de energía ilimitada que le valió el National Book Award. Con él Robert Mapplethorpe y ella sellaban una amistad bella y erguida que sólo se acabaría al llegar al graderío de la muerte. Patti escribe todo el rato y empieza hablando de “El Creador de amor”: “Te vi a ti que eras yo / un silbido en la boca torcida”. Patti ha estado toda la noche en vela. Rompe la pauta antigua, crea nuevas tensiones, transmite nueva vitalidad. No quiere renunciar al efecto destructivo de su obsesión. Ve aquí, juveniles y violentos, espectros que azuzan el fuego con toda lucidez. En seguida vemos a la artista auténtica e interior. El cordero sacrificado sentía que algo empezaba a destruirse. “Le encantaba su boca, piececillos con pliegues (…) Y el hombre, un alma gobernada, de hombros anchos / y ojos como Blake, lamentó quién lo había alimentado, nutrido / de hidromiel y flores, mientras lo partía en dos”.

Gracias a Dios Patti ha empezado a decirnos lo equivocados que estábamos. Los verdaderos visionarios se muestran fervientes respecto a las revelaciones hechas. ¿Cuándo una canción arreglará los circuitos hechos añicos? Patti Smith vive vagando con un abrigo negro y tiempo barrido. Sabe que hay quien despelleja las pasiones. El duelo Blake-Patti dura toda la vida. Ha tratado mucho a WB en sueños como nos indica el bello título del libro. Estamos ante un monólogo interior con influencias sensatas y sutiles en las que insiste en enfocar sus impulsos (Rimbaud, Picasso, Byron, Robert Louis Stevenson). Patti Smith no hace un taller, sino que tiene visiones para explorar las profundidades, polvos coloreados y vibraciones cósmicas. Nos muestra planos, reglas, compases, viajeros pitagóricos, triángulos, las reglas del cálculo. Patti Smith se siente sentimental y ya no tiene que devanarse los sesos para interpretar los planos más sencillos. Su puente no se arquea, las matemáticas están a su servicio. Llega un libro más en el que la luna se eleva obteniendo el éxtasis del aire que respiramos y se llena de sangre de luna. “La belleza en sí misma no es inmortal”, asegura parada al pie de una escalera con expresión perpleja. Augurios de inocencia se convierte en un espejo roto o en un collar cuyos diamantes se han esparcido. No se tambalea con un ejército fuerte y bien agrupado, tratando de encontrar una medicina contra las ausencias que se levantan como nosotros. La cantante es el Nirvana que capta ideas abstractas porque las capta a través de las emociones mientras el establo arde con los problemas de siempre.

En Smith una muñeca azul es agarrada por los tobillos y sacudida, esa muñeca azul puede caminar descalza por la nieve. Treinta años después de Horses, su naipe obstinado y frenético, años de bufones, de diablos, de límites y limitaciones, de pintura vivible, de flores de plástico y de penumbra, trae una joya y nos entregamos a ella, nos gastamos, vivimos en ella ciegamente. Patti escribe a mano y habla de análisis de Una temporada en el infierno, no es devorada por sus palabras. La poesía siempre le interesó entre pensiones con espejo en el armario. Tuvo el gran talento de arroparse con las sábanas de los beat. Es una mujer que escribió cosas muy bellas, con ella estamos ya en Burroughs, Kerouac, Cioran, Miller. Nos recuerda que los pájaros de Irak no cantan, alguno grita Jesús, María y José, ratoncillos salvajes nos bombardean, robustos y ágiles, sanos y de una pieza. Wilde tenía los ojos demasiado abiertos al arte abstracto y ahora llega Patti Smith, con Augurios de inocencia, con una cara de Buda redescubriendo cosas con libros como brillantes invitados llenos de vitalidad.

Ahí está Patti Smith con su puñado de agonías y su ciervo inmóvil entre las páginas. ¿Romántica Patti Smith? Ve lunas detrás de las orejas, descubre sus secretos y son sablazos extraordinarios. Lleva diez años esperando unos augurios como éstos, una cascada interminable de imágenes futuras. Canciones complicadas que se toman el tiempo que necesitan, poemas a las tres en punto con su rabioso fuego. Parecen prometedoras. Patti, la Cenicienta bestial en un orgullo animal, en su salvajismo. Está claro que recorre un camino llano y en buenas condiciones. Esto es un buen síntoma de salud literaria. La pelea fue parecida a un martillo. ¿En qué piensas? Déjame caer en la página, como un pobre diablo. El viento brama seductor y encantador. Patti, ¿eres tú nuestra paradoja fascinante? ¿Quién mató el lenguaje refinado, lírico y surrealista? ¿Cuánto vale el viejo pino? Ah salvaje Patti con el león echando fuego en la mirada, en la selva neblinosa. ¡Bonita alegría! Alegría de camisas de colores, de verdes bosques que se olvidan de sufrir. Me pongo a trabajar brillante, completo, deslumbrador. Patti Smith está encendiendo un fuego en el hogar.