Opinión

"No, bonita"

Y DIGO YO

Javier Cámara | Martes 16 de julio de 2019

Voy a procurar ser educado y no caer tan bajo como la vicepresidenta del Gobierno de España, que en una frase, una sola frase, se ha permitido el lujo de decidir quién puede y quién no ser feminista, utilizando, además, para ello una expresión tan machista como es “no, bonita”.

¿Se imaginan que alguien conocido, con acceso a los medios de comunicación, principalmente hombre, le dice algo así a una mujer para corregirla, para humillarla (se oían risas de palmeros de fondo a los que, evidentemente, les hacía gracia), para menospreciarla porque no piensa como ella? ¿Creen ustedes que si se lo dice una mujer a otra está bien, es correcto, es respetuoso? ¿Se imaginan la que me cae encima si yo, desde estas líneas, le dirijo esa expresión a una miembro o “miembra” del Gobierno?

Carmen Calvo se equivoca gravemente dos veces. Primero en el fondo, pero también en la forma. Ni ella es quién para decir con total sectarismo quién puede ser feminista, atribuyéndose nadie sabe por qué ciencia infusa o divina esa capacidad, ni puede hacerlo de forma machista y falsa: “Ha aflorado y en cuanto ha aflorado han ocurrido dos cosas: una, que el feminismo es de todas... no, bonita... no, bonita. Nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento progresista, del pensamiento socialista”.

Y digo yo: ¿Qué autoridad moral tiene Carmen Calvo, por muy vicepresidenta del Gobierno en funciones que sea, para repartir carnés de buenos y malos en función de que se opine o no como ella? ¿Se deduce de sus palabras que solo puede ser feminista alguien que sea socialista porque solo ellos se lo han currado?

Seguro que la vicepresidenta del Gobierno tiene un buen número de asesores, formados e instruidos, que se echaron las manos a la cabeza cuando oyeron a su “jefa” decir lo que dijo y que pensaron algo que no se atreverán a decirle: “Así no se ayuda a la causa”. Si alguien de su entorno tiene la suficiente confianza y valor como para dirigirse a ella con sinceridad, probablemente le habrá explicado quién era Clara Campoamor y que esto del feminismo es mucho más antiguo que el PSOE y cualquier vicepresidenta del Gobierno que se considere, porque ella lo vale, más feminista que el resto de la humanidad.

¿En qué clase de país, que decimos de libertades, vivimos si el ministro del Interior se dedica a juzgar quién puede ir y quién no a la celebración del Orgullo Gay y la vicepresidenta del mismo Gobierno critica a los que van a la manifestación por la Mujer que no son de su partido y se cree en posesión de la verdad suprema para otorgar a su antojo la condición de feminista?

Un Gobierno sectario y con ideología excluyente que, además, presume de ello resulta vergonzoso, por no decir perjudicial para la sociedad a la que se supone que quiere dirigir. Esa auto reconocida supremacía moral, esa altura de ideas que les hace creerse por encima de los demás y pensar que pueden apropiarse de conceptos que son de todas las personas que creen en la igualdad, hace retroceder a España por reducir el feminismo únicamente al ámbito político y de lo puramente ideológico. Así, de progreso, nada.

Lo triste es que la vicepresidenta Calvo, que nos representa a todos los españoles, empieza a acumular ya una buena lista de ‘lindezas’ que la sitúan en el top ten de los políticos peor preparados y peligrosos por sus ocurrencias. Todos hemos leído que “estamos manejando dinero público y el dinero público no es de nadie”; “he sido cocinera antes que fraila”; “un concierto de rock en español hace más por el castellano que el Instituto Cervantes”; o cuando quiso convencernos a todos de que Sánchez vio delito de rebelión en Cataluña porque no era presidente del Gobierno, pero después, siéndolo, no lo vio. Como si Pedro Sánchez fuera dos personas distintas, que piensan de forma distinta, en función del cargo que ostente ese día.

En fin, este es el nivel.