Josep Borrell es el político de mayor capacidad y más consolidado prestigio con que cuenta Pedro Sánchez. Se va a Europa y los intelectuales más serios, los empresarios más solventes, los políticos más sagaces desean que regrese cuanto antes, que se presente como candidato en las autonómicas catalanas, que las gane, que ocupe la silla curul del Palacio de la Generalidad y que reconduzca la situación a los cauces de los que Cataluña nunca debió desbordarse. Ampara a Borrell, además de su larga trayectoria política, un libro cardinal en el que desmonta todos los cuentos históricos y económicos edulcorados por los secesionistas voraces.
Ante determinadas acusaciones recientes por parte del entorno de la Generalidad del racista Joaquín Torra, ha contestado Borrell al presidente marioneta: “Ni vosotros tenéis embajadas, ni yo espías”. Torra sigue despilfarrando el dinero público en el establecimiento de una serie de oficinas en el extranjero, que él llama embajadas, y que nadie reconoce como tal. Josep Borrell recibe información puntual del desarrollo de esas oficinas españolas. No necesita espiarlas. Le basta con tener noticia de lo que hacen, lo que gastan, lo que derrochan, lo que fracasan y del ridículo internacional que las zarandea.
Bien por Borrell. Le ha dicho a Joaquín Torra lo que debe decirse desde un Estado democrático. La política española echará de menos al gran político socialista durante su estancia en Bruselas. Son muchos los que confían en que su ausencia sea por poco tiempo. Josep Borrell hace falta en España.