Resulta que Gabriel Rufián no es un provocador adolescente y malencarado. He escuchado con atención su discurso mañanero de ayer. Me sorprendió por su moderación, su calidad y su buen tono. Lo que quiere el portavoz de ERC está bien claro: que se formalice un Gobierno del PSOE y Podemos. Luego planteará una nueva negociación sin líneas rojas y se sentará con representantes de los partidos coaligados para dialogar sobre la independencia de Cataluña, sin marchenas, cárceles, policías nacionales y guardias civiles. Gabriel Rufián, desde su nuevo look moderado, lo tiene todo previsto.
Si Pedro Sánchez se ensoberbece de nuevo y fractura la relación con Iglesias, cosa poco probable, entonces ERC no se abstendrá, sino que votará en contra, remitiendo a Sánchez a septiembre y más probablemente a nuevas elecciones en noviembre. Como la izquierda radical podría resultar perjudicada en los comicios otoñales, está claro que hará lo posible por llegar a un acuerdo, aunque sea en el último minuto. Iván Redondo apuesta por nuevas elecciones. Pedro Sánchez no se sabe, aunque siempre ha sido partidario del “más vale pájaro en mano”. Lo que parece claro es que si se consuma el Gobierno de coalición se habrá puesto punto final a la Transición y la Historia de España emprenderá un nuevo e incierto camino, cuarenta años después de aquella magna operación política que permitió superar una larga dictadura y alcanzar la concordia y la conciliación entre los españoles.