Miércoles 06 de agosto de 2008
En los últimos días, los candidatos a la Casa Blanca, el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, están presentando sus diferentes planes energéticos, temática clave en la carrera hacia la presidencia estadounidense. Las posturas se presentan diferentes pero no inconciliables, aunque varía el peso que los dos candidatos brindan a las alternativas energéticas al petróleo. Obama hizo un llamamiento al país para que busque la manera de terminar su dependencia del petróleo procedente de Venezuela y Oriente Próximo en un plazo de 10 años: por eso el candidato demócrata anunció que invertiría 150.000 millones de dólares en los próximos 10 años en la promoción de fuentes de energía renovables para que EE.UU. obtenga el 10% de su energía de fuentes limpias, el doble de la cifra actual.
Por su parte McCain, que promete lograr la independencia energética para 2025, se declara partidario de expandir el uso de energía nuclear en el país, definiéndola como una alternativa viable y asequible. McCain, que cita frecuentemente el caso de Francia, país capaz de producir el 80% de su energía en centrales nucleares, declara que construiría 45 nuevas plantas en los próximos 20 años.
A pocos meses de las elecciones, la campaña presidencial parece centrarse sobre los problemas que preocupan principalmente a los estadounidenses: la desaceleración económica y, sobre todo, el aumento de los precios en general y del petróleo especialmente. Las temáticas están muy relacionadas y obligan a la búsqueda de una alternativa más rentable y económicamente menos volátil que el petróleo. De momento, a las diferencias se están sumando los ataques y las descalificaciones: según Obama, una eventual victoria de McCain coincidiría con “cuatro años más de la política fallida de Bush”, siendo el candidato republicano “un político vendido a las grandes petroleras”, como, según él, demuestran los varios millones recibidos como contribuciones electorales por parte de esa industria. Por otro lado, McCain desprecia el proyecto de su rival tachándolo de “fantasía infantil”, carente de realismo y objetividad.
La visita de McCain, primer candidato presidencial de la historia en pasear por una central nuclear, es un dato indicativo. Además de un indicio de las prioridades energéticas del candidato republicano, es un síntoma de los nuevos tiempos, donde la preocupación por el alza de los precios del petróleo y la inquietud por su posible agotamiento obligan a la búsqueda de fuentes alternativas. Las inversiones en energías renovables y el uso de la tecnología atómica asumen un nuevo valor y se consideran ineludibles y necesarios no sólo para que Estados Unidos alcance la independencia energética. La investigación en estos sectores y la búsqueda de nuevas fuentes de energía representan una prioridad para todos los países del mundo. La tecnología debe ponerse al servicio de la sostenibilidad y procurar la manera para encontrar alternativas rentables y eficaces tanto a nivel económico como medioambiental. El progreso realizado en el sector de las renovables, junto con mayores garantías en tema de seguridad nuclear, permiten considerar esas fuentes de energía de manera ajena a cualquier condicionante político o ideológico: representan la energía del futuro y más que alternativas o excluyentes, parecen complementarias. El uso combinado puede resultar beneficioso para el mundo entero y aliviar a los países (y los precios) de la dependencia del petróleo y de los países productores. Los gobierno europeos –empezando por el español- deben dejarse de eufemismos u ocultismos y afrontar la realidad con gallardía y honestidad. El tiempo del teatro y de la política del avestruz han pasado.
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