Opinión

Cuando todo cambia y nada cambia

LETRAS DESDE MÉXICO

Rafael Cardona | Viernes 02 de agosto de 2019

Una de las frases más frecuentes en el discurso presidencial, el interminable y reiterativo discurso presidencial, es el cambio de las cosas.

Ya no es lo mismo, dice con vehemencia EL SP.

E incita a los "conservadores" a comprender cómo las cosas ya no son así. Y en efecto, muchas de las realidades nacionales no son como eran antes, pero aquellas en las cuales se sustentaba un poder presidencial omnímodo, son idénticas. Y a veces más acusadas.

Por ejemplo, la forma como se construyen los méritos políticos y se caminan los peldaños de la supervivencia dentro de la estructura del Palacio. La meritocracia de la despersonalización, de la imitación lambiscona y el logro de ésta mediante la actitud servil del pensamiento, las palabras, las ideas y hasta la conducta del Señor presidente.

Uno de los ejemplos más grotescos de este humillante actitud de borrarse el rostro para asumir los modos y hábitos del Señor Presidente, nos la ofreció ayer el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, quien repitió casi con exactitud de calca, no sólo las frases con las cuales prometió llevara a Puebla a la Cuarta Transformación, sino el ritual escenográfico de la verbena indigenista a imagen y semejanza de aquella (con limpia, copal y todo lo demás), con cuya ceremonia en el Zócalo de la ciudad de México, el Señor Presidente recibió el simbólico bastón de mando de las comunidades naturales de todo el país, como si la Constitución y el juramento de cumplir con ella, no nos abarcara a todos, como si hubiera dos naciones, lo cual, podría ser cierto en algunos matices lingüísticos y culturales, pero no en el campo jurídico constitucional.

Todo cambia, menos la lisonja, el halago barato. Revisamos estas frases dictadas por el emocionado lagoteo:

“…Un gran hombre guía nuestros pasos, hoy es presidente de México… es un honor estar con Obrador. Nos enfrentamos con el poder más obscuro que estaba asentado aquí en Puebla. Acá estamos firmes y dignos…

“…Veo a un Puebla agraviado, a un Puebla que necesita ser reconstruido desde abajo.

Yo voy a ir a ver al presidente de México y voy a pactar con él

“…Voy a encabezar un gobierno inspirado en los principios de Andrés Manuel López Obrador, voy a guiarme bajo los principios de la Cuarta Transformación…”

Y ya de la pantomima de la fiesta popular, pues no queda ni siquiera algo por decir. En todo caso al terminar la fiesta, se podría haber hecho caso de la más romántica y cursi declaración política de miles últimos años:

“…Busquen el amor, busquen a su alma gemela, a su media naranja, búsquenla de acuerdo a sus preferencias sexuales, a sus gustos, sean felices, hagan el amor…”

Además de adulador, nos salió romántico el gober…