Dicen que Pedro Sánchez se va a encerrar en su despacho este mes para elaborar un programa social y progresista que va a deslumbrar a la clase política mundial. Pablo Iglesias terminará rindiéndose ante la apabullante inteligencia política del presidente en funciones. Ante la altura intelectual de un texto que ha ido pergeñando a medida que se reunía con los ecologistas de Chinchón, media docena de feministas, los agricultores, ganaderos, comerciantes y demás colectivos sociales que le han transmitido sus reivindicaciones. Entre los grandes hallazgos de su "tour", Sánchez ha descubierto que los sindicatos quieren un Gobierno de izquierda pura y dura que distribuya la riqueza cual Robin Hood, suba las pensiones y elimine la reforma laboral de Rajoy, mientras que los empresarios prefieren un Ejecutivo moderado, en el que los comunistas de Podemos no metan mano en las cuentas y suban los impuestos. Sin duda, el Presidente ha descubierto la pólvora durante las solemnes reuniones en La Moncloa con CCOO y UGT y luego con la CEOE. Ya conoce con todo detalle, y pronto lo plasmará en el programa progresista y social que elabora con mimo, las claves de la política económica que aplicará si sale investido en septiembre. Y, si no, en Navidad. En el peor de los casos, ya tiene argumentos e ideas para terminar de una vez su tesis.
Parece ser, que Pedro Sánchez propondrá medidas para combatir el cambio climático. Se desconoce qué medidas. También apelará a revertir la situación de la despoblación, la llamada España vacía. Nadie sabe cómo. Tampoco sabe cómo pero prometerá combatir la pobreza infantil, promover el crecimiento sostenible, el empleo digno, la transición ecológica y reformar la ley de educación, aniquilando la concertada y no digamos la privada. De la igualdad (o desigualdades muchas) hablará hasta quedarse afónico. Y su Gobierno, sobre todo, combatirá con uñas, dientes y una millonada del presupuesto la violencia machista o de género o doméstica. A su "compromiso con la causa feminista" le dedicará varios capítulos de su programa; se espera que esta vez las medidas surtan efecto, pues desde que gobierna el PSOE se han multiplicado las manadas, mientras Carmen Calvo atacaba "el repugnante machismo de las derechas", en especial de Vox y las feministas radicales agredían a Ciudadanos. Y es que una cosa es pregonar y otra dar trigo. Así son los socialistas españoles, los más feministas del orbe. Y los más cursis y sectarios.
Hay expectación por leer los párrafos que Pedro Sánchez dedicará en su programa social y progresista a las nuevas tecnologías, a la revolución digital, a la inteligencia artificial. En Silicon Valley no se habla de otra cosa. Sin olvidar sus propuestas sobre la justicia social, un tótem en todos sus discursos. Ni Zapatero llegó tan lejos. En este capítulo, la ONU aguarda impaciente el documento. Ábalos y Calvo ya hablan de un antes y un después del programa en ciernes. Dicen que nada será igual. El mundo entero se rendirá a las propuestas del gran estadista español.
Pedro Sánchez no va a descansar ni medio minuto este verano. Por fin, va a trabajar. Ni Falcon, ni Tenerife, ni Doñana, ni mar, ni piscina, ni una triste siesta en la hamaca. Encerrado de sol a sol cual escribano medieval en su despacho pergeñando las claves de un Gobierno, que si algún día llega a formar, va a transformar nuestra nación en un paraíso de justicia, de paz social, de moderación, de igualdad. La felicidad socialista nos espera a la vuelta del verano. España no puede perder una oportunidad histórica como ésta. Que se entere Pablo Iglesias. El macho alfa de la izquierda se llama Pedro Sánchez. Y quien se enfrente a él saldrá malherido, golpeado por la contundencia y genialidad del programa progresista y social que prepara el presidente en funciones. Los españoles ya podemos respirar tranquilos. La lucecita de La Moncloa nunca se apaga.