Colombia
Jueves 07 de agosto de 2008
Uribe, el único mandatario colombiano en haber llegado a seis años de gobierno en casi un siglo, goza del récord histórico de popularidad en el país en virtud de sus éxitos en temas de seguridad y lucha contra las FARC. De hecho, se considera que Uribe ha sido capaz de “cumplir” la promesa que encarnó el lema de su campaña electoral: realizar una política de Seguridad Democrática. Además de arrinconar las FARC al borde de la derrota, Colombia parece un país más seguro: la tasa de homicidio ha descendido en un 9,8% en el último año y los secuestros en un 27,1%. El gobierno está intentando desarticular los principales carteles criminales y evitar la creación de nuevos.
No cabe duda de que los éxitos mayores pertenecen a la lucha contra las FARC: mientras entre 2002 y 2006, la actuación del Plan Colombia y el Plan Patriota empujaron a la guerrilla hacia la selva, el bienio 207-2008 parece caracterizado por la realización de golpes demoledores, como la espectacular liberación de Ingrid Betancourt o la muerte de Raúl Reyes. La modernización del ejército y las mejoras en la política de inteligencia están acabando con las FARC, obligándolas a un replanteamiento estratégico. De hecho, hoy mismo, las autoridades han desactivado un nuevo ataque que las FARC estaban organizando: la operación ha llevado a la detención de cinco presuntos rebeldes, entre ellos Alfonso Lesmes Bulla, alias Javier Calderón, embajador de las FARC en el Cono Sur y “relacionista internacional de la guerrilla”. Según precisó el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, la guerrilla pretendía atentar contra un batallón de la Sanidad Militar y contra la sede de RCN Televisión.
En los próximos dos años, Uribe deberá enfrentarse a varios desafíos: en primer lugar la economía. Pese al acelerado crecimiento de los últimos años (el pasado año se registró el crecimiento más alto en 30 años), Colombia se prepara para enfrentarse con una fuerte desaceleración debido a la crisis mundial, a la subida de la inflación y a la revaluación de la moneda local, con consecuencias negativas sobre las exportaciones. Sobre todo, el Presidente deberá tener en cuenta que más del 30% de la población sigue siendo pobre y la tasa de paro se está disparando.
Otra prioridad de su mandato debe ser la política internacional: los 6342 km de frontera terrestre de Colombia con sus vecinos se han convertido en zonas de “quiebre” en los últimos años. En la región, Colombia está rodeada de países “contrarios” a la gestión de Uribe, empezando por el Ecuador de Correa, pasando por la Nicaragua de Ortega, y terminando con la Venezuela de Chávez, con quien la relación ha sido “cordial” sólo en los pasados meses. Colombia debe romper el aislamiento regional y procurar acercarse a países más afines y menos extremistas ideológicamente, como el Brasil de Lula o la Argentina de Fernández. Finalmente, en política exterior, la cercanía con el México de Calderón y la participación en el Plan Puebla Panamá deberían servir para reforzar la presencia colombiana en Centroamérica. Respeto a EE.UU., mucho depende de las elecciones del próximo noviembre, donde McCain representa el candidato de Uribe.
La gestión de Uribe ha acentuado el presidencialismo en el país: los partidos parecen debilitados, el Congreso carente de poderes, mientras la política nacional gira en torno a su figura. Sin embargo, la pelea entre el Presidente y la cortes de justicia están dañando la institucionalización. Antes de despejar la incógnita sobre si tratará de presentarse a una nueva reelección, Uribe tendrá que aclarar su relación con la justicia, realizar las reformas económicas y políticas que el país necesita y elaborar una nueva política exterior animada por un “buen vecinado”.
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