En el verano de 1964, allá en Isla Negra, mientras el mar golpeaba las ventanas de su casa, Pablo Neruda me habló por vez primera de los “Sonetos del amor oscuro”, de Federico García Lorca y del deber que teníamos todos de que vieran la luz pública. Poco antes de morir aquel chileno universal, una de las cumbres de la poesía en lengua española, me escribía una carta en la que se refería no sin vehemencia, a la misma cuestión. Según él, nunca había oído recitar unos poemas de amor de tanta belleza. Años después, en la casa de Santiago del poeta muerto, Matilde Urrutia –“crecen en mi corazón tus raíces de trigo”-, esposa de Pablo para la eternidad, celadora infatigable de su memoria, me recordó, mientras cenábamos entre amigos agobiados por la dictadura chilena, la preocupación de Neruda por los sonetos de Lorca. Intervenía yo por aquella época en el programa “300 millones” de Televisión Española con unos minutos literarios semanales y expliqué a los espectadores de España y América la voluntad del autor de Residencia en la tierra en favor de los sonetos del amor oscuro. Llovieron sobre mi mesa cartas y mensajes de medio mundo.
Después de cien gestiones personales, el 17 de marzo de 1984 el Cultural del ABC verdadero, gracias al buen sentido de la familia García Lorca y al trabajo de un grupo de expertos encabezados por el admirable Miguel García-Posada, dio a la luz, por fin, los once sonetos del amor oscuro, que sitúan definitivamente a Lorca en el primer lugar de la poesía española del siglo XX. Considero este scoop como el más importante de mi dilatada vida profesional. La repercusión fue mundial. Periódicos y revistas de los cinco continentes reprodujeron y comentaron la gran primicia literaria de ABC. Matilde Urrutia me envió una bella carta que se publicó en el periódico. Personalmente, tras veinte años de búsqueda, tuve como es lógico una gran satisfacción. Y no sólo por la voluntad cumplida de Pablo Neruda, sino porque los versos de amor que manaron de las páginas de ABC como de un hontanar renovado, restablecieron la verdad sobre imaginaciones desbordadas y ediciones piratas. Nos devolvieron, además, al ser publicados en un periódico de posición política diferente a la del poeta, la gran lección que brinda la poesía eterna, por encima de las ideologías, a todos lo que quieren, como Lorca deseaba, la España de la concordia y la conciliación. 83 años después del asesinato del poeta traigo al aire libre el recuerdo de Pablo Neruda y su encargo en favor de los sonetos lorquianos.