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Thubten Wangchen: "Nadie se atreve a desafiar a China"

Principal representante de la causa tibetana en España

Jueves 07 de agosto de 2008
¿Es el comunismo chino el mayo problema de los tibetanos?
Sí. No nos gustaría permanecer eternamente en esta situación. Sería un gran fracaso para nosotros vivir siempre bajo el régimen comunista chino.

¿Alguna posibilidad de que China cambie su actitud respecto a Tíbet?
Somos optimistas aunque debemos permanecer con los pies en el suelo. Parece muy difícil lograr que el Gobierno chino ceda, pero no es imposible. Somos conscientes de que el Gobierno chino no ha cambiado nada aún y no parece que vaya a hacerlo, pero nosotros continuamos con nuestra lucha pues sabemos que queda algo de esperanza.



Regresarán los máximos líderes espirituales a Tíbet?
Ese es el sueño de todos los tibetanos, que el Dalai Lama regrese de su exilio a la India y que el Panchen Lama (segunda autoridad religiosa más importante en el Tíbet) sea liberado. Seis millones de tibetanos aguardan impacientes noticias de él. Nadie sabe nada de él desde que fuera capturado con seis años, por eso es imposible saber si vive o si murió hace años.

¿Qué es realmente la causa tibetana?
Hay una parte de realidad fundamental en todo esto y es que Tíbet es un país y luchamos pacíficamente por que sea reconocido como tal. Nuestra única arma es la no violencia y lo único que queremos es que sean respetados nuestros derechos y libertades en una tierra que nos pertenece y que fue invadida por China hace casi medio siglo. La causa tibetana trata de defender la posición del pueblo tibetano, no es algo político. Tratamos de concienciar al mundo del riesgo que corremos, pues podríamos llegar a desaparecer y a perder nuestra identidad. Es necesario trabajar para que los tibetanos preserven su tradición y sus raíces religiosas. Es imprescindible el apoyo de la comunidad internacional para evitar que la cultura tibetana desaparezca.



¿autonomía o independencia?
Ese es nuestro sueño pero no es realista. La cuestión no es si queremos la independencia o no, sino que ahora sólo podemos aspirar a la autonomía. Nuestras reivindicaciones estuvieron centradas en la independencia hasta los años 80, cuando el pueblo tibetano recibió un ultimátum de China.

Los tibetanos debíamos olvidar la palabra independencia, si lo hacíamos, el Gobierno chino se mostraría abierto a una posible negociación. A partir de entonces rebajamos nuestras ambiciones pues no podíamos aspirar a una independencia total. Es imposible conseguir, tal y como está la situación actual, una independencia total.

Por ello es necesario avanzar los pasos necesarios para encaminar al pueblo tibetano a una mayor libertad. Queremos recuperar nuestra moneda, nuestro idioma, nuestro sello y nuestro pasaporte. Después de la invasión china la ONU no ha podido hacer mucho. Mi sueño personal es que el Tíbet sea independiente. Que los jóvenes puedan estudiar tibetano en las escuelas. Que se imparta en el territorio tibetano la enseñanza espiritual budista. Sin embargo, debemos ser realistas, para llegar a la independencia es imprescindible obtener primero la autonomía.



La represión fue violenta pero las protestas no fueron precisamente pacíficas…
Las protestas comenzaron de forma pacífica, y en un principio, todo transcurrió dentro de la normalidad. Pero después la Policía china comenzó a tirotear a los monjes y a los jóvenes que se manifestaban y reaccionaron. Rompieron cristales, contenedores, cabinas telefónicos y tiendas de propiedad china, pero eso no puedo compararse, ni mucho menos, con la muerte de 203 tibetanos que protestaban por la opresión china. El régimen comunista chino trató de evitar a toda costa que las imágenes de la represión salieran a la luz, y en parte lo consiguió. Sin embargo, el mundo pudo ver como morían algunos monjes budistas a manos de las fuerzas de seguridad chinas, las detenciones violentas y el sufrimiento de la población.

¿No fue la represión china menor que la de Nepal?
En absoluto. Las autoridades chinas no permitieron difundir las imágenes de lo que ocurrió. La Policía pegó, torturó y fusiló a los tibetanos. En Nepal ningún tibetano murió aunque centenares fueron detenidos por el Ejército. La diferencia es que el mundo entero pudo contemplar dichas detenciones y fue muy difícil ver como los tanques chinos patrullaban por las calles de Lhasa. El Gobierno chino no podía permitir que su imagen, meses antes del comienzo de los Juegos Olímpicos, quedara tan deteriorada, por lo que evitaron por todos los medios que se diera testimonio de la represión que allí tuvo lugar. Numerosos monjes murieron de hambre puesto que las autoridades chinas no les permitían salir a por provisiones. El toque de queda fue brutal. Los registros en templos se saldaron con decenas de muertes, a muchos de los monjes les quitaron sus pertenencias y les obligaron a tirar los retratos del Dalai Lama, prohibidos en toda China.



¿No tiene la ONU la obligación de amparar la independencia de Tíbet si así lo desea el pueblo tibetano?
Es importante tener en cuenta quien manda en la ONU. Estados Unidos goza de gran poder pero China es uno de los más potentes miembros de las Naciones Unidas. Es muy difícil que un organismo del que China forma parte esté dispuesto a imponerle sanciones definitivas. Además, aunque la ONU reconoce la gravedad del conflicto y de los últimos incidentes registrados en Tíbet, no se han dado aún avances significativos.

La ONU reconoce el genocidio de más de un millón de tibetanos por parte de China en 1959, también reconoce, en parte, la intención de China de suprimir la cultura tibetana y ha realizado varios llamamientos a China para que aclare el paradero del Panchen Lama. Se han celebrado diferentes reuniones con motivo del conflicto entre China y Tíbet y, sin embargo, nada productivo ha salido de ellas. Nadie quiere mojarse por el Tíbet. Ése es el mayor problema, aunque sientan simpatía por la causa tibetana, ningún gobierno o institución se atreve a desafiar a China.



¿Ahora, tras la independencia de Kosovo y con China en tela de juicio ante la opinión pública mundial, no parece el momento más idóneo para reivindicar nuevamente la liberación del pueblo tibetano?


Sí lo es. Ojalá pudiéramos pero es muy complicado. Organismos internacionales como las Naciones Unidas deben tomar un papel protagonista en la solución de esta clase de conflictos y, aunque la ONU ha actuado, es necesaria una mayor implicación. Son demasiados los intereses que no permiten a la comunidad internacional actuar libre y justamente. Los acuerdos económicos con China, uno de los países que más se están desarrollando en los últimos años, hacen que Occidente se arrugue ante la anfitriona de los Juegos Olímpicos. La mayoría de potencias se han posicionado junto a los tibetanos y, sin embargo, muestran su apoyo con la boca pequeña. No parece que los dirigentes estén dispuestos a sacrificar o poner en riesgo su interés económico por defender los derechos de seis millones de tibetanos.

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