Jueves 07 de agosto de 2008
Los Juegos Olímpicos de Pekín abren este viernes sus puertas con una ceremonia inaugural marcada por la polémica social y las tensiones diplomáticas. Olimpiadas y política siempre han mantenido una relación más estrecha de la que cabría desear entre el deporte y las corbatas, pero, más allá de toda reivindicación de derechos, los Juegos de la capital china merecen una atención especial por cuanto presentan notables expectativas de éxito para los deportistas españoles.
En los últimos años, España ha experimentado un boom deportivo sin precedentes, pasando en pocas décadas de contar con representantes bajitos y enjutos, a disponer en la actualidad de deportistas capaces de competir al nivel de los mejores atletas. Poco tienen que ver las imágenes de los competidores españoles de la posguerra y el franquismo, con el rostro pálido y las hechuras de quien ha pasado hambre, con la lozanía y fortaleza de Rafa Nadal, flamante ‘número uno’ del tenis mundial.
El deporte español ha crecido al mismo ritmo que lo hacían la economía, las proteínas y las personas, hasta posicionarse en lo más alto. Los últimos años han estado plagados de éxitos deportivos: desde la selección española de baloncesto hasta la natación sincronizada, pasando por el tenis, el automovilismo o el fútbol. Los rostros de Pau Gasol, Fernando Alonso, Casillas o el propio Rafa Nadal, son hoy reconocibles en todo el mundo, y la afición española parece haberse contagiado de esta fiebre deportiva, paseando orgullosa sus banderas por todo el planeta para animar a los nuestros. El deporte se convierte así, en época de crisis, en un revulsivo para evadir las dificultades cotidianas y disolver las preocupaciones en el fervor del grupo.
Para estos Juegos que ahora comienzan, nuestros atletas se han marcado un reto: superar el récord de 22 medallas cosechadas en Barcelona 92. Para ello cuentan con el entusiasmo de unos seguidores entregados y el apoyo de la familia real, que tanto ha contribuido siempre a promocionar el deporte en este país. Los Príncipes de Asturias quisieron trasmitir ánimos a nuestros competidores de cara a la cita olímpica, recordándoles que tienen a todo un país detrás, empujando. El Príncipe Felipe sabe bien lo que supone participar en unos Juegos, pues él mismo fue olímpico en el año 92. No están, por tanto, de más sus consejos. Hagámosle caso, pues: “¡Sí podemos!”.
TEMAS RELACIONADOS: