En estos días previos a septiembre me reúno con mi buen amigo Anatol Corchea, licenciado en razones por la Universidad del Pico Almanzor y doctorado en tácticas de concentración por el prestigioso Templo de los Altos del Casquerazo allá por el Gredos profundo. ”Cuantas cuestiones vienen marcando el devenir de nuestra decadencia no es otra cosa que la estupidez humana”, -me asevera Anatol.
Trato de poner orden a este razonamiento a base de aplicar adjetivos calificativos con tal de ir rellenando mi artículo. A mi edad asimilar los cambios estructurales basados en simples definiciones ya no me cunden como antes y por eso prefiero ahora ser práctico llamando a las cosas por su nombre. Resulta curioso como los políticos de primera línea coquetean con la impostura para achicar espacios y desviar atenciones preferentes. El ministro de Interior en funciones señor Marlaska ha venido a solucionar la inseguridad ciudadana del planeta tierra, es decir, ha dado con la fórmula magistral del delinque a pie de calle. Es una versión parecida a lo que hacen los trileros pero en lugar de bolita se utiliza la cartera: “Cuando voy por la Gran Vía madrileña me paso la cartera al bolsillo delantero del pantalón como medida de seguridad para evitar robos al descuido” O sea, un nada por aquí, nada por allá y los delincuentes a mamarla.
Este descubrimiento supone un hito sin precedentes, ni más ni menos que la total erradicación de la delincuencia en la Ciudad Condal, cosa que servirá para descentralizar el miedo internacional reinante en Barcelona y extrapolarlo a Madrid por aquello de la envidia amasada. Lo cierto es que la sagacidad del señor Marlaska pretende que el simple hecho de cambiarse de bolsillo una cartera en Madrid produzca un efecto mariposa en Barcelona y con ello acabar con la crisis de criminalidad que les asola.
Marlaska hablaba de lo importante que es no buscar soluciones simples para estos casos dado que la simpleza provoca la pérdida de concentración y es cuando se producen los hurtos con mayor facilidad para los cacos. No voy a entrar en lo de pasear con escolta por la Gran Vía a menos que estos miembros de la seguridad personal del señor Marlaska vayan leyendo el Marca. Eso es más de la sección de deportes, aunque me ha picado el gusanillo. Todo depende de si el señor ministro en funciones admite hacer una variante del sistema que ha inventado. Por supuesto que la concentración es el todo cuando saltas a la vía pública, sin embargo otros factores de estrategia serían aconsejables. Creo que mi amigo Anatol se sentirá orgulloso de mí cuando sepa de mi sesudo razonamiento.
Veamos, Marlaska pasea por la Gran Vía de Madrid, detrás de él su escolta, eso sí, muy atentos a la jugada. Si el ministro es un buen Offload (arte de pasar la cartera justo en el momento en el que te están placando), hace que el juego sea mucho más dinámico y obliga a los jugadores a tener una mayor motivación-concentración. Fundamental contar con un scrum-half de garantías, rápido en recibir y en abrir el juego, o sea, pasar la cartera del ministro a un number eigth, que normalmente es el jugador más potente del equipo. Éste tomará la cartera con precisión y la dará una patada a seguir para ganar metros. Lo más probable es que los delincuentes traten de placar al jugador más adelantado, más conocido por Avant o knock-on, si esto sucediera es importante provocar una Melé o scrum. Aquí la escolta de Marlaska es cuando deben actuar para poner los grilletes a los cacos y hacerse con la cartera. Es una de las jugadas fundamentales de juego de equipo. En otros países como Inglaterra, Irlanda, Escocia o Francia, entre otros, se juega con un balón en forma de óvalo y se le conoce por rugby.
Estoy convencido de que este ejemplo tan deportivo haría las delicias de los viandantes e incluso los delincuentes tratarían de conseguir la tan ansiada cartera ajena compitiendo con mayor concentración y obedeciendo las reglas del juego que, por supuesto, sería responsabilidad directa del propio señor Marlaska que para eso es el inventor del sistema antirrobos de carteras a la vez que ministro del Interior. Faltaría más, suyo es el mérito. Lo mío, una simpleza.