Andrew Luck representa y ejemplifica, en estos días, la cara amarga del fútbol americano profesional. El pasado domingo anunció que se retiraba del profesionalismo con 29 años. Superado por el rosario de lesiones que le ha hecho de pasar de ser llamado el heredero de Payton Manning en los Indianápolis Colts, número 1 del draft del año 2012, a ser repudiado por una hinchada que le despidió con pitos tras enterarse que abandonaba la NFL.
Tras el partido de pretemporada que disputaron el pasado fin de semana Colts y Chicago Bears, Luck compareció ante los medios de comunicación para confirmar que el proceso de rehabilitación se le estaba atravesando demasiado. Mucho más de lo previsto. Estaba viviendo un auténtico infierno físico y, sobre todo, mental. Tanto que la decisión tomada le conllevó la renuncia de un monto cercano a los 58 millones de dólares que había firmado.
El talentoso quarterback, presa de numerosos infortunios anatómicos, manifestó que la decisión había sido consensuada con su familia, la que le ha visto sollozar en todos estos años de via crucis. "He estado atrapado en este proceso. No he podido vivir la vida que quiero vivir. Me ha quitado la alegría de este juego, el único camino a seguir para mí es alejarme del fútbol", manifestó en una intervención que no sorprendió demasiado a los presentes. Hacía meses que se rumoreaba una posible ruptura con los Colts de cara a la temporada regular.
"No he podido vivir la vida que deseo. Después de 2016, cuando jugué dolorido y no pude entrenar regularmente, me comprometí conmigo mismo que eso no volvería a sucederme y me encontré con una situación similar y la única forma de seguir adelante era alejándome del fútbol americano", avanzó. Se entía "atrapado" por las lesiones y no quería, bajo ningún concepto, volver a pasarse un año entero fuera de los emparrillados. Ese proceso le erosionó psicológicamente y no iba a meterse en harina de nuevo.
Tras agradecer el apoyo de sus compañeros, del duelo de la franquicia -Jim Irsay- y de la hinchada, confesó que ha sido la decisión más complicada de tomar a la que se ha enfrentado jamás. "Es muy difícil. Amo a mi equipo, a mis compañeros, a la gente en la organización, a los aficionados, al futbol americano y como miembro de este equipo, por cómo me siento, sé que no puedo poner mi alma y corazón en esta posición. Como le dije a mis compañeros en el vestuario, me siento muy honrado de haber representado a la herradura, a la ciudad de Indianapolis, me siento agradecido de haber sido relcutado por este equipo y quiero agradecer especialmente al señor Irsay. Nunca conocí a nadie que amara tanto a su equipo como usted", sentenció.
Si se repasan las dolencias sufridas por Luck desde septiembre de 2016 se comprende, al instante, el agotamiento mental de esta prometedora estrella. En aquella fecha comenzaron a hacerse públicas las molestias del hombro derecho que había arrastrado en 2015. Después del primer partido del curso, en el que jugó a gran rendimiento, no entrenó entró en la siguiente dinámica: aparecía como cuestionable por el hombro, no entrenaba y jugaba el domingo. Septiembre, octubre y diciembre se mentuvo en esa rutina. Le acababan de firmar un contrato de 140 millones de dólares por seis años. Era el jugador franquicia.
Y aguantó hasta el 19 de enero de 2017. Ese día Luck se operó del hombro derecho. Lo que negaron que iba a pasar el entrenador Chuck Pagano y el dueño Jim Irsay ocurrió. ¿Le habían forzado más del límite saludable? Afirmaron que su jugador emblema estaría disponible para la temporada siguiente. Pasaría el verano trabajando en la recuperación. Pero Andrew salió a los micros a finales de julio y puso en duda que estuviera listo en la primer ajornada. Helando a su hinchada y desmitiendo a su jefe.
En agosto la CBS filtró que no volvería a jugar un partido hasta la sexta jornada. Empeorando todos los pronósticos salidos desde los Colts. Llega noviembre y el jugador, que se ha perdido ya unos cuantos partidos, siente más dolor. La rehabilitación no va bien. El hombro es indispensable para un quarterback. Hay que cuidarlo al máximo. Y el jugador busca soluciones externas al equipo médico de su equipo, confirmando los peores presagios: se iba a perder todo el curso. Viaja a Europa, con todo perdido, buscanso otros tratamientos. Durante mes y medio su franquicia no sabe nada de él.
En diciembre asoma. Afirma que su rehabilitación europea le aconseja lanzas en unos días y en caso de sentir dolor, operarse de nuevo en enero de 2018. Se lo comenta a los Colts, que cruzan los dedos. Cerca de Año Nuevo se entrena, fortalece el hombro y entrena sin dolor. El 1 de enero Jim Irsay promete que Luck jugará en la primera jornada de la temporada siguiente, tras haberse perdido un año. En febrero ya se hablaba de una segunda operación , incluyendo en el análisis que la mano derecha de Bill Belichik se negó a firmar por Indianápolis al conocer el estado real del quarterback estelar.
Finalmente, en junio empezaría a lanzar de nuevo balones. Pero la off season no fue bien. Se lesionó en la pantorrilla. Andrew Luck ha decidido tirar la toalla. "No es una decisión fácil, de hecho es la decisión más difícil de mi vida, pero es la decisión correcta para mí. Por los últimos cuatro años he estado entre lesiones, dolor y rehabilitación. Me siento atrapado y la única manera de salir es dejar de jugar al fútbol", reiteró en el cataclismo detonado en la sala de prensa este fin de semana previo. Con él se va la esperanza central de los Colts, con cuatro nominaciones al Pro Bowl, el premio al Regreso del Año y como el líder de touchdowns de 2014.