Opinión

El pueblo, pan y circo

TRIBUNA

Carlos Díaz | Jueves 29 de agosto de 2019

En estos días he ido a dar una conferencia a campesinos y personas de clase media baja a Carrión de los Condes (Palencia) sobre anarquismo y cristiano, pero estas gentes están ancladas en la noche, pues no pasa la luz por ellas. Al menos los campesinos de la Castilla ayer dominadora pasan la vida llorando, viven muy mal, la faena agrícola es muy dura, y merecen subvenciones por el hecho de ser campesinos. Pero en general hoy los campesinos, afortundamente, no son los siervos medievales, se han mecanizado, tienen seguros y donde hubo riñones hay tractores. Es algo que celebro, como no podía ser menos.

Sin embargo espiritualmente viven como burgueses sin la menor elevación de su alma y sin ningún amor que no sea el familiar (aunque también con divorcios exprés). Mucha tele, mucho teléfono móvil, mucha falta de estilo vital. Mucho, bastante, demasiado y harto. Si a eso sumamos que su cultura es de charanga y pandereta, puede uno imaginarse por qué una de las asistentas a mi conferencia se marchó muy enfadada “porque ya basta de libros y de cultura, lo que hay que hacer es cultivar lechugas”, reacción tan difícil de creer pero tan extendida. Soy perro viejo que ladra sentado, pero a uno le cuesta creer que tanta sangre derramada por los hunos y por los otros en la guerra civil haya podido generar tan deplorables espectáculo.

Los pilares culturales de las tierras de España, aunque también los de los no campesinos, son estos: a) Cada quien tiene su verdad y no hay una común: no siquiera dos más dos son cuatro en la geometría euclídea. b) La neofamilia de los niños empalagosos y malcriados es lo único importante porque hacer algún sacrificio por los otros no tiene el menor sentido. c) La famosa ideología de género os/as que llevó a decir con todo aplomo a otra de las allí asistentes que “hay que reescribir toda la gramática porque está inventada por los hombres”. d) Y, por fin, que hay que cultivar la espiritualidad y estar abierto a todos los dioses, a todos en general y no a uno en particular porque eso sería poco democrático (así lo manifestó un extático barbudos), y que en realidad significa relajación, salud, dinero y bellotas.

Hoy he vuelto a pasar por aquel camino verde, por aquel camino verde que se pierde en mi triste soledad. Creo que en las últimas nuevas generaciones hay demasiado resentimiento contra quienes estudian y teofobia por lo mismo: porque no soportan a alguien en algo superior, conforme a la ideología del igualitarismo resentido. Argumento de autoridad en materia de física, no gracias; ni Einstein sabe algo más. Aquí café para todos o para ninguno. Cultura que es calderilla, ausencia de esfuerzo y fobia a cualquier forma y grado de excelencia. Y vengan los ensordecedores “conciertos” de la Melonera con los Adanes y Evas medio desnudos, el Edén recuperado. A consumir, que son dos días, todo el mundo tiene derechos y debe ser subvencionado por Papá/Mamá Estado. Otra forma de ser alimentados por el régimen; ayer fueron los coros y danzas de El Caudillo que tanto amaba a su pueblo, hoy el régimen de “la izquierda” que ha recuperado su denostada condición de nueva casta en menos que canta un gallo. Qué buenas son las hermanas ursulinas, qué buenas son que nos llevan de excursión y que tantos medios ponen a nuestro servicio porque nosogtr@s nos lo merecemos y a cambio también la casta merece servirse de los orgullosos servidos. He ahí a la inocente y retozona postmodernidad, ahí está, ahí está la puerta de Alcalá, el abuelo fue picador allá en la mina. Ese bucle de gente “liberada”, mocha y malcriada es feliz: habrá “régimen” para muchos años, que nadie se preocupe ni sea cansalmas.

Y claro, cómo un tipejo como yo podría no ser polémico, cómo podría no ser acusado de robagallinas. ¡Arriba España, arriba el campo! La tierra para quien la trabaja: tengo un tractor amarillo….