Opinión

¿Traes los chupitos para el velatorio?

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Diego Medrano | Viernes 30 de agosto de 2019

Partido Socialista y Podemos siguen a la greña, a cara de perro, en sabrosa solución de continuidad y sin acuerdo posible. Lo dijo un clásico: “El amor es mirar ambos en la misma dirección”. No es posible. Unos y otros no quieren hablar claro: el problema es la confianza; está perdida, es irrecuperable, seguirán mareando la perdiz hasta la repetición electoral del 10 de noviembre. ¿Veto o boicot a Podemos? Pablo Iglesias, generoso y veloz, se ha apartado, pero el problema sigue, los socialistas quieren socios floreros y no coalición. Pasa el caballo de Atila de la bronca y no volverá a crecer la hierba: nuevas elecciones, incremento de la abstención, concentración bipartidista y nueva y flamante segunda oportunidad para Casado.

La recesión ya afecta a industrias importantes (la del automóvil), por abajo se pierde poder adquisitivo (130 euros por año), las industrias precarias ofrecen el veneno de la carne mechada y la listeriosis destroza embarazos y causa muertes, los adolescentes se tiran desde roquedales a quince metros de altura en Canarias (el mar embravecido les soluciona la adrenalina y no ven percances), hoy 250 migrantes han querido saltar por la valla de Ceuta –efecto llamada Open Arms de por medio- y 155 lo han conseguido (ocho devueltos en caliente; el resto ya conocen el baile: identificación, centro en estancia temporal de extranjeros, devolución y, si piden asilo, otro papeleo en curso: así el último año casi cuatro mil tíos). Apunten el dato: cuatro de cada diez españoles no pudieron ir de vacaciones por el dinero.

La delincuencia no solo viene por barco o al salto (“No son náufragos sino inmigrantes ilegales” dice Abascal; “No tiene nada que ver una acción humanitaria puntual con una política migratoria seria”, dice Ábalos) sino que también, sí, en barrios pocos dignos las reyertas se cobran vidas que recuerdan mucho al holocausto de la heroína. Por arriba, lo ya dicho: el tiempo pasa, las poltronas no se ocupan, todos saben o sabemos lo que pasará, a la prensa carrete largo y punto; por abajo: desconcierto, inseguridad, peligro. Huelgas de Renfe con 360 trenes cancelados porque no se repone el personal que se marcha y la fábula deja de ser hermosa: los mismos para todos pero menos en conjunto. La comparsa: Iberia, Ryanair, British Airways. ¿Son esto economías competitivas o chapuza sobre las vías?

Ojeo y hojeo, en mitad de esta calma y calima atroz, los tres tomos de Escohotado de Los enemigos del comercio (Espasa). Me gusta Antonio Escohotado: en lo privado no es un moralista, y ahí está su monumental Historia general de las drogas (Espasa) para que cada cual se meta lo que considere, pero informado y sin temor a sí mismo o al menor escollo social. Siempre ha sido liberal, y lo argumenta a la mínima ocasión, a nivel público: “La cuestión no es el reparto de la riqueza (teorías marxistas y derivados) sino la creación de la misma dentro de una regla radical pero muy simple: cuantos más ricos haya menos pobres habrá”. El rico crea empresas y contrata trabajadores, el rico consume y gasta dinero, el rico hace a otros más ricos, respecto al pobre -por mucho que reparta lo que tenga- no hacemos nada con él. Antes se decía de otro modo: en África o Biafra no tenemos que darles peces sino cañas para que pesquen.

José Luis Sampedro fue el gran enemigo del mercado liberal y lo decía sin ambages: “El estado ha organizado un casino para que ganen siempre los mismos”; “Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres”; “Es necesario crear una economía más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos”. Entre ricos y pobres sigue la faena, la crisis fue un mordisco y seguirán las dentelladas, aún en aquellos que siguen con boca pero no dientes. La calle vive la incertidumbre azul de forma educada, sin mucho ruido, pero el cansancio se nota en las miradas, en las palabras que no llegan y los andares macilentos.

Sampedro creía en la trama sempiterna para dominar, para no tener una democracia real, el ocaso del mundo conocido (estado de bienestar) como lugar para la acción buscando lo mínimo, la seguridad imprescindible, porque perdida ésa entraríamos en barrena sin clemencia. Los socialistas ganaron las elecciones pero la aritmética parlamentaria les obliga al pacto –con todas las consecuencias- sin palmeros ni floreros. La avaricia, el embeleco de más votos, igual les lleva por donde no sueñan, y la caída es mortal debido a lo mayúsculo del cansancio. La gente está harta: arriba no se curra y se sabe; abajo, con mucho sudor, nadie sale de pobre y toca resignarse. Trabajar no tiene nada que ver con pensar, ponerse a la faena no tiene nada que ver con hablar: sólo el teatro eterno permite semejantes pantomimas, deplorables y absurdas. Ambos (PSOE, Podemos) no cuentan con algo que siempre ha existido en España: el voto de castigo; voto a unas siglas que no son las mías o contrarias porque estoy ya muy cansado de que me tomen el pelo.

El final de Mariano Rajoy y el de Felipe González fue el mismo: la corrupción generalizada y los partidos como organizaciones mafiosas cuyos tentáculos se movían para delinquir o hacerse ricos. La ciudadanía castigó, y otro es el PP de Pablo Casado hoy, caras que no reflejan el matonismo anterior ni se identifican con él. El voto –es el juego y fe democrática- puede caer en cualquier pecera. Simancas –sobre el Open Arms- se lo dijo a Iglesias: “No podemos confiar en ustedes. (…) No son ustedes de fiar”. Todos en el Hemiciclo se lo preguntaban sin pestañear: “¿Traes los chupitos para el velatorio?”. “¿Qué enterramos?”, preguntaban los más nuevos, atónitos. “¿No lo ves? La Legislatura”, respondían entre risas mojadas, a uno y otro lado, descojonados, los viejos sabios de la tribu, espantando las moscas con el rabo despendolado de su ocio sin trabajo a la vista. Alguien dijo entonces: “Los niños-lobo preguntan por qué el distribuidor del Omeprazol de marras es indio”. “¡Más chupitos, oye, que no vamos a caber todos aquí!”, fue el grito gubernamental.