Cabe sostener con poca posibilidad de ser desmentido por los hechos que, sin una formación histórica básica, ningún tema o asunto político puede abordarse con un mínimo de consistencia. Afirmación esta casi banal, pero que la actualidad española repristina con fuerza irresistible. Curiosamente, en el escenario presente de los acontecimientos públicos los sectores más enemigos de la cultura “elitista” reivindican a troche y moche su formación universitaria –adquirida en particular en las Facultades de Letras y, más singularmente, en las de Ciencias Políticas y Sociales- en punto a dar credibilidad y autoridad a sus opiniones respecto a los extremos fundamentales de nuestra hodierno muy híspida convivencia. Catedráticos y profesores de Enseñanza Secundaria y (en menor número) docentes en la Superior no vacilan un instante en las controversias parlamentarias en censurar, incluso ab irato, el escaso nivel cultural de gran parte de sus antagonistas y adversarios. Muy recientemente, y de manera asaz pintoresca, uno de los más cualificados miembros de un flamante partido o fuerza de inconfundible raíz podemita, de oratoria por lo común mesurada, no se recataba en manera alguna, en un crispado debate en la recién nacida VI Legislatura de la Asamblea de Madrid, en criticar la muy escasa impedimenta formativa de la aspirante a su Presidencia (-ya conseguida, por lo demás, según es harto conocido-).
Nunca, desde luego, resulta inoportuno romper lanzas por unos hábitos públicos familiarizados con la retórica de irreprochable calidad y, menos todavía, en peraltar en cualquier tribuna oficial o privada los beneficios de una notable o sobresaliente instrucción. Pero en tiempo y forma adecuados y jamás sin herir siquiera epidérmicamente la dignidad del denostado.
Con perspectiva más general, aunque desde el mismo marco parlamentario, bien que en la ocasión referida en el rango más elevado del Congreso de los Diputados, los medios de comunicación más importantes del país han reiterado, al hilo de las últimas y fracasadas sesiones para la investidura presidencial del candidato socialista D. Pedro Sánchez, el menguado nivel educativo de la mayoría de los intervinientes en las susomentadas actuaciones de la Cámara Baja. Con acento un tanto elegíaco de los, por otro lado, hoy muy censurados tiempos de la Transición, una cifra muy elevada de comentaristas enaltecían sin límite la densidad cultural de las polémicas y discusiones en las dos Cámaras de nuestras Cortes acerca de las más variadas cuestiones. En sus citados artículos, la contraposición entre los días de la primera etapa del Parlamento renacido en 1977 y los de 2019 resultaba inevitable, sin que sea necesario, obviamente, señalar el vencedor de tal confrontación…
Empero, bien se entiende, el tema se descubre más complejo y aristado, conforme habrá lugar de recordar en un próximo artículo.